REVOLUCIÓN EN ESPAÑA, por Karl Marx y Friedrich Engels (parte IV)

En 1821, un grupo de masones de ideas revolucionarias decidieron crear en Madrid una sociedad secreta, adoptando como base las reivindicaciones de los comuneros. La nueva organización, llamada los Caballeros Comuneros y Vengadores de Padilla, tomó como «héroe mítico» a José Padilla y mantuvo ciertos ritos propios de las sociedades masónicas. El rito de iniciación de los neófitos, por ejemplo, terminaba con un juramento frente al «escudo de Padilla» con las espadas desenvainadas. Los líderes de de la sociedad secreta incluso aseguraban poseer los huesos de Padilla, que también utilizaban en algunos de sus rituales secretos.

Frente a los masones, partidarios de una monarquía constitucional, los Caballeros Comuneros pretendían ganar todavía más libertades en el terreno político y social. En sus memorias, el diputado y escritor Antonio Alcalá Galiano, quien empezó militando en los comuneros y luego se pasó a la masonería, cuenta que los primeros trazaron un plan para asesinarlo. No es extraño, pues las rencillas y ajustes de cuentas eran moneda corriente entre ambas organizaciones. Al final, la sociedad secreta se escindió en dos: un ala más moderada y otras más radical. Esta última, que controlaba las Milicias Nacionales, hizo posible que este ejército derrotara a los batallones de la Guardia Real, que intentaron dar un golpe de estado en 1822. La victoria desembocó en un gobierno controlado por los Caballeros Comuneros. Cuando en 1823 los Cien Mil Hijos de San Luis –soldados enviados por Francia y otras monarquías a petición de Fernando VII, para restablecer el absolutismo en España– penetraron en las fronteras españolas, el jefe de los comuneros exaltados, general Ballesteros, fue el encargado de dirigir las tropas que les hicieron frente. Sin embargo, nada pudieron hacer y finalmente fueron derrotados.

Gremios forestales

Los carbonarios aseguraban que su sociedad secreta había surgido de los gremios de carboneros que trabajaban en los bosques en la Edad Media. Al igual que la simbología masónica se basaba en los útiles de trabajo utilizados por los gremios de constructores, los carbonarios les otorgaban una gran importancia en sus ritos a las hachas, las sierras o las antorchas. Se trataba de una sociedad de corte iniciático que también empleaba en sus ceremonias iconografía cristiana, como cruces, clavos o coronas de espinas. Sólo a los miembros de alto grado se les explicaba el verdadero significado esotérico de dichos elementos: provocar el sufrimiento de los poderosos, nobles y reyes por sus desmanes contra el pueblo soberano.

De todos modos, lo que parece claro es que esta sociedad secreta surge a principios del siglo XIX en Francia como una escisión de la masonería, aunque antes ya existían grupos que practicaban ritos de corte forestal. El carbonarismo se asentó en España a partir de 1820, gracias a los refugiados italianos que llegaron a partir de ese año a la Península, huyendo de varias revoluciones fallidas. España se había convertido en refugio para los revolucionarios europeos, pues en el poder se encontraba un gobierno de corte progresista y liberal.

El objetivo fundamental de los carbonarios era lograr un gobierno republicano. Para ello, primero se unieron a los comuneros y más tarde a los masones. Cuando se produjo la invasión de Los Cien Mil Hijos de San Luis, los carbonarios organizaron un pequeño ejército formado por cientos de exiliados en España, pero tampoco consiguieron frenar el poderío militar francés. Después de esta derrota, la organización acabó diluyéndose con el paso del tiempo.

Anilleros y la Santa Alianza

En esta misma época nació una nueva organización secreta en España: la Sociedad del Anillo, formada por poderosos personajes de ideología liberal, cuya meta era promulgar una nueva constitución progresista, similar a la de Cádiz de 1812. Se cree que entre sus fundadores se encontraban gentes tan influyentes como Martínez de la Rosa o el conde de Toreno. Pertenecieron al grupo algunos ministros, generales y nobles de la talla del príncipe de Angolada, quien incluso presidió la sociedad durante algún tiempo. Se llamaba Sociedad del Anillo porque sus miembros portaban un anillo adornado por una serpiente con la cola entre sus fauces, lo que hizo circular entre el pueblo toda clase de leyendas. Los anilleros al final no resultaron tan progresistas como parecían y tomaron parte en el intento del golpe de estado de la Guardia Real contra el gobierno liberal en 1822, que finalmente se saldó con un estrepitoso fracaso, gracias a la acción de los comuneros que, como ya hemos comentado, controlaban las Milicias Nacionales que se opusieron a la intentona golpista.

Desde el momento que Fernando VII restituyó en España el absolutismo por la acción de los Cien Mil Hijos de San Luis, se preocupó de destruir a cualquier sociedad secreta, pues temía una conspiración en su contra. Y no se equivocaba. En 1824 un grupo de exiliados en Londres ponen en funcionamiento la Santa Alianza, cuya organización se basó en la de los comuneros. Uno de los fundadores era el español Pablo Iglesias, antiguo oficial de las Milicias Nacionales. Sin embargo, más tarde se supo que dos líderes de esta sociedad secreta, el francés Housson de Tour y el italiano César Conti, eran en realidad espías a las órdenes de Fernando VII. Gracias al capital cedido por algunos ricos mecenas consiguieron reunir a un ejército y algunos barcos para desembarcar en España. Pero las rivalidades entre los jefes militares desembocaron en un estrepitoso fracaso.

Conspiraciones políticas

En 1837 se crea en Madrid una sociedad secreta, conocida como La Federación, que no era sino la unión de varias organizaciones de este tipo, entre las que destacaba La Joven España. Ésta formaba parte de una estructura mayor: La Joven Europa, una especie de órgano directivo de sociedades secretas repartidas por todo el continente (La Joven Francia, La Joven Alemania, etc.), fundada por el revolucionario y esoterista Mazini y de carácter republicano. En la mayor parte de los países no caló lo suficiente, a excepción del país transalpino, donde la sociedad jugó un papel de primer orden en la independencia italiana. Se desconoce el grado de influencia que ejerció la organización secreta en la política española.

Los tres primeros diputados republicanos se sentaron en las Cortes españolas en 1841. Ese mismo año la Policía se hizo con los estatutos de otra sociedad secreta, recogidos en un documento titulado Copia de las bases orgánicas y reglamentos provisionales de la Confederación de Regeneradores Españoles. En dichos papeles se alude a la formación de diferentes «círculos», los cuales tenían la misión de estudiar a las personas que pretendían acceder a cargos públicos, para apoyarlos o no en función de los intereses de la Confederación, de ideología claramente republicana.

Diez años más tarde, en 1848, nace el Partido Democrático Español, formado fundamentalmente por republicanos y socialistas. A principios de 1850, el capitán general de Madrid recibe diferentes informes de sus espías acerca de la existencia de una sociedad secreta de ideas democráticas llamada Los Hijos del Pueblo. Uno de los planes para hacerse con el poder consistía en iniciar una revolución armada. Al parecer, la sociedad secreta estaba controlada por el ala más izquierdista del Partido Democrático, organización que tuvo una implicación decisiva en el derrocamiento de los Borbones.

http://www.xn--revistaaocero-pkb.com/secciones/historia-ignorada/sociedades-secretas-espana

 

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El Ángel Exterminador (sociedad secreta).

El Ángel Exterminador es el nombre de una sociedad secreta española, absolutista y clerical, del siglo XIX, cuya existencia se tiene aún por no confirmada o hipotética.

El cometido de esta sociedad sería, ante todo, por medios ilegales y violentos, incluido el asesinato, devolver la Inquisición a España, destruir los restos del Liberalismo, derrocar a Fernando VII, tenido por demasiado progresista y afrancesado, proclamar como rey de España a su hermano Carlos María Isidro, más católico, y aliar para siempre altar y trono.

Su labor habría empezado según algunos (el general Juan van Halen en concreto) ya en el Sexenio absolutista, en 1817, y, según otros, durante la Década Ominosa (1823-1833). El hispanista Gerald Brenan (1894-1987), en su ensayo El laberinto español, propone como fecha de fundación 1821, aún durante el Trienio Liberal; el historiador Estanislao de Kotska Vayo (1804-1864) apuesta por el año 1823. El año más citado como fecha de su fundación es 1827, aunque por razones tan arbitrarias como las de los anteriores.

Después de la muerte de Fernando VII en 1833, la sociedad habría pretendido hacer resurgir la Inquisición tras su abolición definitiva en 1834 por Francisco Martínez de la Rosa. Se suele considerar como casos en que actuó el Ángel Exterminador la Rebelión de los Malcontents o Agraviados en Cataluña y el juicio y ejecución del maestro librepensador Cayetano Ripoll en 1827.

La sociedad habría estado compuesta por el bando más irreductible del absolutismo, los apostólicos, y sobre todo por obispos, entre los cuales el presidente sería el de Osma, que por entonces era Juan de Cavia González (tuvo la diócesis de 1815 a 1831 y luego quedó vacante hasta 1848). Formarían parte de ella importantes personajes de la época, como el Conde de España o Francisco Tadeo Calomarde, quienes, tras ser aparentemente leales a Fernando VII, pronto se pasaron al Carlismo.

Dudas sobre su existencia.

Pero el obispo de Osma era enemigo de las sociedades secretas: en una pastoral de 1827 alecciona a sus feligreses sobre los peligros de las sociedades secretas y avisa de que muchos papas ya habían advertido sobre ellas. Por otra parte, las sociedades secretas absolutistas no eran necesarias: el papel de la Inquisición se hallaba bien traspasado a organismos nuevos como las Juntas de Fe y la Junta Secreta de Estado presidida precisamente por el obispo de Osma. Más sentido tendría hablar de un grupo conspirativo y de presión de descontentos creado para oponerse a la llamada Camarilla de Fernando VII.

Por otra parte, un estudioso de las sociedades secretas como Vicente de la Fuente (1817-1889) en su Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas en España, especialmente de la Franc-Masonería (1874) niega que la sociedad haya existido y aduce que nadie se ha puesto de acuerdo en la fecha de fundación de la misma, que no hay fuentes primarias y testimonios documentales y que la hipótesis más probable es que fuese un bulo y patraña inventado por la Masonería para desacreditar a sus enemigos absolutistas y católicos y justificar su misma existencia como sociedad secreta; el mismo Benito Pérez Galdós (1843-1920) dice en uno de sus Episodios nacionales que "ningún historiador ha probado la existencia de El Ángel Exterminador".

Sin embargo, no sólo liberales exaltados o progresistas, sino monárquicos y liberales conservadores como Juan Rico y Amat han defendido la existencia real de esta sociedad, que creen formada en 1823.

https://es.wikipedia.org/wiki/El_%C3%81ngel_Exterminador_(sociedad_secreta)

Pero acaso piense nuestro autor que"el privilegio de los contrarrevolucionarios consiste en contraer deudas, y el de las revoluciones en pagarlas". Esta cita, parece más actual que histórica. ¿La historia es circular o sólo se repite hasta obtener la sabiduría de sus lecciones? Les dejamos con la lectura dominical, no sin antes recomendar especialmente la lectura de la "Constitución de una República Federal Ibérica" que cierra la entrega de hoy del libro de artículos de Marx y Engels.

De igual manera les ofrecemos la descarga de los capitulos II y III de los Episodios Nacionales, de don Benito Pérez Galdós.

 

Mapa político de España de la época

 

 

ÍNDICE

REVOLUCIÓN EN ESPAÑA

Por Karl Marx y Friedrich Engels

Parte IV

 

 

IX

CONVOCATORIA DE LAS CORTES CONSTITUYENTES. - LA LEY ELECTORAL.-DESÓRDENES EN TORTOSA. - SOCIEDADES SECRETAS. - EL GOBIERNO COMPRA ARMAS.- LA HACIENDA ESPAÑOLA

 

Londres, 21 de agosto de 1854

Los artículos de fondo de la Assemblée Nationale, el Times y el ]oumal des Débats prueban que ni el partido ruso puro, ni el ruso-Coburgo ni el constitucional están satisfechos con el curso de la revolución española. Esto permitiría suponer que España tiene algunas posibilidades, pese al contrario aspecto de las apariencias.

El 8 una comisión de la Unión esperó a Espartero para presentarle un manifiesto pidiendo la adopción del sufragio universal. Se acumularon numerosas peticiones en el mismo sentido. Ha tenido entonces lugar una larga y animada discusión en el consejo de ministros. Pero los partidarios del sufragio universal han salido derrotados, así como los de la ley electoral de 1846. La Gaceta de Madrid publica un decreto de convocatoria de las Cortes para el 8 de noviembre, precedido de un exposé dirigido a la reina. Las elecciones tendrán lugar de acuerdo con la ley de 1837, con ligeras modificaciones. Las Cortes serán una asamblea constituyente, quedando suprimidas las funciones legislativas del senado. Se han mantenido dos disposiciones de la ley de 1846, a saber: la norma 56 de constitución de las mesas electorales (mesas que reciben los sufragios y publican los resultados) y la referente al número de diputados; debe elegirse un diputado por cada 5.000 almas. La asamblea estará así compuesta de 420 a 430 miembros. De acuerdo con una circular del Ministro del Interior, Santa Cruz, los electores tienen que estar registrados el 6 de septiembre. Tras su verificación por las diputaciones provinciales, las listas electorales se cerrarán el 12 de septiembre. Las elecciones tendrán lugar el 3 de octubre en las localidades principales de los distritos electorales. El escrutinio se realizará el 16 de octubre en la capital de cada provincia. En caso de controversia el nuevo procedimiento que deba desarrollarse tendrá que quedar resuelto para el 30 de octubre. La exposición sienta explícitamente que "las Cortes de 1854, como las de 1837, respetarán la monarquía; constituirán un nuevo lazo entre el trono y la nación, cosas que no pueden ser puestas en tela de juicio ni discutidas". Con otras palabras, el gobierno prohíbe discusión de la cuestión dinástica; de aquí infiere el Times lo contrario, suponiendo que  la  discusión se entablará ahora en términos de "o esta dinastía o ninguna" -posibilidad que, apenas será necesario decirlo, disgusta y decepciona infinitamente al Times en sus cálculos.

La ley de 1837 limita el derecho electoral por las condiciones de ser cabeza de familia, pagar  mayores cuotas (impuestos estatales) y tener la edad de veinticinco años. Tienen también derecho a un voto los miembros de las academias Española, de la Historia, de Artes Nobles, los Doctores y licenciados en las facultades de teología, derecho y medicina, los miembros de los capítulos eclesiásticos, los curas párrocos y su clero, los magistrados y abogados con dos años de ejercicio, los oficiales del ejército a partir de cierta graduación, estén en servicio activo o en  retiro, los médicos, cirujanos, farmacéuticos con dos años de ejercicio, los arquitectos, pintores y escultores miembros de academias, los profesores y docentes en general en cualquier centro de enseñanza atendido por fondos públicos. Están privados de voto por la misma ley los deudores al Tesoro o al fisco local, los declarados en quiebra, las personas sobre las cuales pesa interdicción dictada por los tribunales por incapacidad moral o civil, y finalmente todas las personas condenadas por sentencia firme.

Es verdad que el decreto no proclama el sufragio universal y que sustrae la cuestión dinástica al foro de las Cortes. Pero es a pesar de todo dudoso lo que la asamblea hará. Si las Cortes españolas se abstuvieron de chocar con la Corona en 1812, ello se debió al hecho de que la Corona estaba representada sólo nominalmente, pues el rey estaba ausente del suelo español desde hacía años. Y si también se abstuvieron de hacerlo en 1837 fue porque tenían que terminar con la monarquía absoluta antes de poder pensar en hacerlo con la constitucional. A la vista de la situación general, el Times tiene verdaderamente buenas razones para lamentar la falta de una centralización a la francesa en España y el hecho consecuente de que una victoria sobre la revolución en la capital no decida nada en las provincias, mientras persista en éstas ese estado de "anarquía" sin el cual no puede triunfar ninguna revolución.

 

Sitio de Gerona. Paulize. Litografia. Barcelona ca.1886.

 

Hay sin duda en la revolución española algunas circunstancias que le son peculiares. Por ejemplo, la combinación des aqueo y acción revolucionaria, conexión que nació en la guerra guerrillera contra la invasión francesa y fue continuada luego por los "realistas" en 1823 y por los carlistas desde 1835. No debe pues causar sorpresa la información de que han ocurrido graves desórdenes en Tortosa, en la Cataluña meridional. La Junta 58 Popular  dice en su proclama del 31 de julio: "Una banda de despreciables asesinos, con el pretexto de abolir los impuestos indirectos, se ha apoderado de la ciudad y ha pisoteado todas las leyes de la sociedad. El saqueo, el asesinato y el incendio señalan todos sus pasos". El orden fue empero inmediatamente restablecido por la junta, armándoselos ciudadanos y ayudando a la reducida guarnición de la plaza. Se ha establecido ya una comisión militar encargada de perseguir y castigar a los culpables de la catástrofe del 30 de julio. Naturalmente, el hecho ha dado ocasión a los periódicos reaccionarios para escribir virtuosas declamaciones. Hasta qué punto es escasa su autoridad para hacerlo puede quedar ilustrado por la observación del Messager de Bayonne, según el cual los carlistas han vuelto a izar su bandera en las provincias catalanas, aragonesas y valencianas, precisamente en las mismas montañas próximas a Tortosa en las que tuvieron su nido principal durante las viejas guerras carlistas. Los carlistas han sido los que han creado el tipo de los ladrones  facciosos, una combinación de bandidismo y pretendida lealtad a un partido oprimido en el estado. El guerrillero español ha tenido siempre algo de bandido, desde el os tiempos de Viriato, pero es una invención carlista la de que un puro bandido pueda otorgarse a sí mismo el nombre de guerrillero. Los hombres del asunto de Tortosa pertenecen ciertamente a este tipo.

Las cosas son en cambio serias en Lérida, Zaragoza y Barcelona. Las dos primeras ciudades se han negado a unirse con Barcelona, a causa de que los militares tienen en ésta el predominio. Y sin  embargo, da la impresión de que Concha no consigue todavía dominar la tempestad de Barcelona y de que será sustituido por el general Dulce, pues la reciente popularidad de este general parece ofrecer más garantías para una superación de las dificultades.

Las sociedades secretas han reanudado su actividad en Madrid y gobiernan el partido democrático exactamente igual que en 1823. La primera petición que han aconsejado presentar al pueblo es la de que todos los ministros de 1843 den cuentas de su gestión.

El gobierno está recuperando por compra las armas de que se apoderó el pueblo el día de las  barricadas. Así ha conseguido recoger 2.500 mosquetones que estaban en manos de los insurrectos. Don Manuel Zagasti, Jefe Político ayacucho de Madrid en 1843, ha sido repuesto en sus funciones. Ha dirigido a la población y a la milicia nacional dos proclamas en las que expresa su intención de reprimir enérgicamente cualquier desorden. La expulsión de las criaturas de Sartorius de sus diversos empleos procede con rapidez. Esta es quizá la única cosa que se hace deprisa en España. Todos los partidos se muestran igualmente ágiles en esta cuestión.

Salamanca no está encarcelado como se dijo. Fue arrestado en Aranjuez, pero puesto en seguida en libertad. Se encuentra en Málaga.

La presión ejercida por el pueblo sobre el gobierno se patentiza en el hecho de que los ministros de la Guerra, Interior y Obras Públicas han realizado amplias reformas y simplificaciones en sus diversos departamentos, acontecimiento desconocido hasta ahora en la historia de España.

El partido unionista o Coburgo-Braganza es débil hasta el punto de inspirar lástima ¿Por qué otras razones  harían tanto ruido a cuenta de una simple proclama dirigida desde  Portugal a·la Guardia Nacional de Madrid? Además, si se considera más cuidadosamente se aprecia que el manifiesto (procedente. del lisboeta Journal de Progres) no tiene en  absoluto carácter dinástico, sino que es simplemente de aquel tipo de confraternización tan conocido en los movimientos de 1848.

La causa principal de la revolución española ha sido el estado de la Hacienda, y particularmente el decreto de Sartorius ordenando el pago anticipado de seis meses de impuestos. Todas las cajas públicas estaban vacías en el momento de estallar la revolución, pese a la circunstancia de que no había rama de los servicios públicos que estuviera pagada; tampoco habían sido libradas desde hacía meses las sumas destinadas a las diversas atenciones. Así por ejemplo jamás se destinaron a la conservación de carreteras las sumas recaudadas al efecto. Ese también fue el destino de las sumas previstas para obras públicas. Cuando se realizó la inspección de la Caja de Obras Públicas, en vez de justificantes de obras realizadas se hallaron recibos de favoritos de la corte. Es sabido que la administración ha sido durante mucho tiempo el negocio más fructífero de Madrid. El presupuesto español para 1853 era como sigue:

 

Lista civil y atenciones de la real casa...........................................................................      47.350.000

Legislación .. . .......................................................................................................... ...             1.331.685

Intereses de la deuda pública.............................................................................               213.271.423

Presidente del Consejo...............................................................................................            1.687.860

Asuntos Exteriores.......................................................................................................           3.919.083

Justicia .............................................................................................................................      39.001.233

Guerra .......................................................................................................................          273.646.284

Interior ......................................................................................................................            43.957.940

Marina .......................................................................................................................            85.165.000

Policía .......................................................................................................................            72.000.000

Hacienda....................................................................................................................          142.279.000

Pensiones...................................................................................................................          143.400.586

Culto..........................................................................................................................           119.050.508

Extras ........................................................................................................................             18.387.788

                                                                                             Total......................................  1.204.448.390

 

Pese a ese presupuesto, España es el país menos gravado de Europa y la cuestión económica es más sencilla que en parte alguna. La reducción y simplificación de la máquina burocrática es poco difícil en España, dado que tradicionalmente las municipalidades administran sus propios asuntos; la reforma de las tarifas y una prudente aplicación de los bienes nacionales  no son todavía imposibles. La cuestión social en el sentido moderno de la palabra no tiene base en un país aún subdesarrollado, con sus recursos y con una población tan escasa como España sólo 15.000.000 de habitantes.

[New York Daily Tribtme, 4 de septiembre de 1854]