REVOLUCIÓN EN ESPAÑA por Karl Marx y Friedrich Engels (parte I)

ÍNDICE

PRÓLOGO

 Este volumen contiene veintinueve artículos periodísticos y tres de enciclopedia, todos ellos referentes a lomas españoles, escritos por . Marx y Engels entre 1854 y 1856; en 1858, 1860 y 1873. El lector no está pues en presencia de un libro, sino de una colección de escritos. La colección ha sido ordenada del modo siguiente:

PARTE PRIMERA.- Siendo Marx corresponsal de la New York Daily Tribune en Europa tiene lugar en Madrid en junio de 1854 la sublevación de O’Donnell y Dulce conocida por los españoles con el nombre de “la Vicalvarada”. Marx escribe once artículos o notas para su periódico, al hilo de los acontecimientos.

Algún artículo de esa serie puede haber sido redactado con intervención de Engels. Tal podría ser especialmente el caso de las correspondencias II y IV. Pero las razones de crítica interna que justifican ese juicio – la complacencia en detalles técnicos militares, muy propia de Engels, y algunos rasgos de estilo en las fórmulas utilizadas para valorar noticias oficiales- son tan difíciles de aquilatar (máxime tratándose de textos escritos por uno u otro autor en inglés, y no en su lengua materna) que el juicio en cuestión se ofrece aquí como mera conjetura. Por lo demás, que Marx es también, en colaboración con Engels o sin ella, el redactor de la correspondencia II queda probado por el hecho de que anuncie en ella la serie de artículos que constituye la segunda parte de este volumen: “Como el carácter de la historia moderna de España merece ser apreciado muy diversamente de como lo ha sido hasta ahora, aprovecharé una oportunidad para tratar este tema en una de mis próximas cartas” (pág. 27).

PARTE SEGUNDA. – La rápida intervención del pueblo en la Vicalvarada confirma la previsión de Marx en su segunda correspondencia al respecto: “… no sería cosa de asombrarse si estallara en la Península· un movimiento general partiendo de la mera rebelión militar” (pág. 27). Como por otra parte éste es el primer movimiento revolucionario de cierta envergadura en Europa desde los acontecimientos de 1848 Marx le atribuye una importancia considerable y profundiza su conocimiento de la historia moderna de España: “Mi principal tema de estudio es ahora España. Hasta el momento, básicamente en fuentes españolas, he estudiado las épocas de 1808 a 1814 y de 1820 a 1823. En este momento estoy pasando al período de 1834 a 1843. Es una historia bastante confusa. Es verdaderamente difícil dar con las causas de los desarrollos… Todo el asunto, si lo resumo mucho, podrá hacer seis artículos para la Tribune”.([1])

Fueron esos artículos nueve, de los que la New York Daily Tribune no publicó más que ocho.([2]) Empezaron a aparecer en dicho periódico el 9 de agosto de 1854, antes de terminarse la serie de correspondencias sobre la Vicalvarada, de las que. aun aparecieron dos, el 16 y el 30 de agosto de 1854 respectivamente. Esos ocho artículos constituyen la segunda parte de este volumen. El título España Revolucionaria (Revolutionary Spain) lo es de toda la serie.

PARTE TERCERA. – Dos años después con ocasión del golpe de Estado de O’Donnell de 1856, Marx escribe dos correspondencias para su periódico. Constituyen la parte tercera de este volumen. Aparecieron con el título de Revolución en España (Revolution in Spain).

PARTE CUARTA- Está constituida por la voz “Bolívar” de la New American Cyclopedia, escrita por Marx (y con este artículo terminan los textos del mismo en este volumen) tres artículos de Engels: uno sobre el ejército español para Putnam’s Magazine y las voces “Badajoz” y “Bidasoa” de 1a New American Cyclopedia. El artículo de Putnam’s Magazine está escrito en 1855; los de la New American Cyclopedia (también el de Marx) en 1858.

PARTE QUINTA. – Tres correspondencias de Engels para la New York Daily Tribune sobre la toma de Tetuán por O’Donnell. Son de 1860. Los tres artículos fueron apareciendo bajo el titular: La guerra mora (The moorish war).

PARTE SEXTA.- Consta de cuatro artículos de Engels publicados en 1873 en Der Volkstaat bajo el título de Los bakuninistas en acción (Die Bakuninisten an der Arbeit). La nota introductoria y el subtítulo fueron añadidos por el propio Engels en la reimpresión de 1894.

Todos los artículos de Marx contenidos en este volumen son posteriores al Manifiesto Comunista (1848) y sin duda contemporáneos de la primera elaboración de los materiales para El Capital, esto es, de la Ct·ítíca de la economía política (1859). Escritos en Londres entre 1854 y 1858, proceden de uno de los períodos de su vida más intensamente dedicados al estudio. Desde su traslado a Londres en 1849 a consecuencia de la derrota de la revolución de 1848, Marx, tras un probable y breve período de esperanza en un pronto regreso compartida con los demás emigrados alemanes, se dedica al estudio de las posibles causas de la indicada derrota. A partir sobre todo de 1850 intensifica además el estudio de la economía, seguramente el fruto más importante cosechado por él de su amistad con Engels.

El Marx que escribe sobre España desde 1854 está, pues, ya en posesión de todos los elementos de su metodología.

El lector que en 1960 abra estas páginas de Marx escritas hace ya más de un siglo estará seguramente más movido por un interés referente al pensamiento de su autor que por el de estudiar la historia de España. Y probablemente el valor capital de estos escritos radica en la luz que arrojan sobre la metodología de Marx. Pero 7 está claro que tratándose de la metodología de un pensador historicista, su estudio y su valoración están indisolublemente asociados con la consideración de sus resultados histórico-positivos. Desde este punto de vista, una lectura de estos artículos, por desprovista que esté de curiosidad histórico-positiva, no puede menos de detenerse ante consideraciones como las hechas por Marx acerca del papel político del ejército español en el siglo XIX, o la explicación de la importancia y arraigo de la resistencia guerrillera contra Napoleón por la escasa centralización de la monarquía española, o la lectura de la constitución de 1812 sobre el trasfondo de los viejos fueros peninsulares, pero sin perder de vista su relación con la Revolución Francesa, etc. Cuando se para mientes en que observaciones sobre las Cortes tradicionales o sobre la Reconquista que han sido novedad ruidosa eh la investigación española hace menos de diez años tienen un llamativo paralelismo con tesis de Marx al respecto, se abre una profunda perspectiva sobre la capacidad analítica de éste, sobre lo que Ballesteros llama “su gran capacidad intelectual”.

De los historiadores españoles es, en efecto, don Antonio Ballesteros el que más presentes tiene los artículos de Marx.([3]) Emite sobre algunos de ellos -los que conoce por la .deficiente traducción de Andrés Nin de 1929-([4]) el siguiente juicio: “En 1929 aparecían en castellano los artículos que Carlos Marx había publicado en New York Tribune [sic] sobre la Revolución española. Estálll escritos a mediados del pasado siglo, y aunque se refieren a los períodos de 1808-1814, 1820-1823 y 1840-1843([5]) son, por sus consideraciones, algunas muy atinadas,([6]) un antecedente de interés para el estudio· del movimiento revolucionario hispano, pues el autor había presenciado varias revoluciones europeas y su gran capacidad intelectual aplicaba sus conocimientos a los sucesos españoles. Casi no hay necesidad de apuntar que el criterio de Marx es en extremo parcial. Sus recorridos históricos de los siglos anteriores contienen errores de bulto en cuanto a los hechos se refiere”.([7])

La “parcialidad” de “criterio” a que alude Ballesteros puede seguramente cifrarse de un modo suficiente en el principio progresista y revolucionario: Marx considera la revolución liberal y luego la aparición del proletariado en ella (según él en 1856) como hechos coherentes con el sentido del proceso histórico. Para el positivismo histórico de Ballesteros todo criterio histórico-filosófico es naturalmente un “partido” contrario a la aspiración positivista a la eliminación de tales criterios de sentido. Pero aunque esa consideración pueda bastar en sustancia para aclarar lo que Ballesteros entiende por “partidismo”, su juicio viene seguramente codeterminado además por otra circunstancia, a saber, la básica falta de una tabla de valores morales tradicionales en la comprensión de los hechos por Marx. Por positivista que sea, en efecto, -acaso más: por ser positivista y prescindir de criterios explícitos de sentido-, un historiador está siempre más o menos sometido a la tabla de valores procedentes de la tradición y que reinan en su época. Marx usa tales valores tradicionales retóricamente cuando habla de personajes -cuando traza, por ejemplo, las semblanzas de Espartero o de Bolivar-, pero los ignora completamente al enjuiciar hechos. Mientras, por ejemplo, el hecho de que Espartero permitiera la huida de la reina Cristina tras la revolución de .1854, y aplastara la consiguiente protesta popular, es para Ballesteros prueba de la “nobleza” e “hidalguía” del gobierno oficialmente revolucionario,([8]) el hecho es interpretado por Marx simplemente como indicio de que la tendencia contrarrevolucionaria gana terreno en el gobierno del general. (Cfr. pág. 64).

La siguiente confrontación puede ilustrar aún más concluyentemente al respecto([9])

BALLESTEROS

“Consideraciones graves puede sugerir el cambio brusco del pueblo español, que un día vitoreó hasta la exasperación al general Riego y proclamaba enardecido la Constitución; parece increíble que fuera ése el mismo pueblo que el año 1823 gritaba ¡Vivan las caenas!, ¡mueran los negros!, ¡viva el rey absoluto! Claro es que nos referimos al bajo pueblo, a la plebe, a las capas ínfimas de la sociedad. Nadie las ha descrito mejor que un gran novelista de nuestra edad. Sus hermosas palabras merecen reproducirse:

“<<El populacho -dice– es algunas veces sublime, no puede negarse. Tiene horas de heroísmo, por extraordinaria inspiración que de lo alto recibe; pero fuera de esas ocasiones, muy raras en la historia, el populacho es bajo, soez, envidioso, cruel y, sobre todo, cobarde»” (op. cit., VII, pág. 213).

MARX

“Las Cortes… encontraron una sociedad fatigada, exhausta, todo sufrimiento, consecuencia necesaria de una guerra tan prolongada… No era de esperar que una sociedad en ese estado resultara muy sensible a las abstractas bellezas de una Constitución… No obstante… la Constitución fue recibida con <<entusiasta alegría», pues en general las masas esperaban la súbita desaparición de sus males por el mero cambio de gobierno. Cuando descubrieron que la Constitución no poseía tales poderes milagrosos, las exageradas esperanzas se trocaron en decepción, y en esos apasionados pueblos meridionales no hay más que un paso de la decepción a la cólera.

“Algunas circunstancias concretas contribuyeron también a enajenar al régimen constitucional las simpatías populares.” [Marx enumera: la expulsión de los afrancesados, la introducción por las Cortes de un impuesto sobre la renta, los decretos prohibiendo la circulación de moneda acuñada por José Bonaparte, la subida de precios, ·la acción política de los “serviles” y el paso de gran parte del ejército al bando absolutista siguiendo el ejemplo de Elío (Cf. págs. 133-136).]

Por último, por lo que hace a los errores de Marx en su examen del pasado revolucionario español, indicaremos que Marx sitúa la actividad política de don Álvaro de Luna a fines del siglo xrv, en vez de a principios del’ xv (cfr. pág. 77), hace morir al virrey Santa Coloma en Zaragoza (cfr. pág. 78) en vez de en Barcelona, y cree sin discusión en la autenticidad de los fueros de Sobrarbe, hecho este último que no le perjudica gran cosa porque lo que en el contexto interesa es la autenticidad del Privilegio de la Unión (cfr. pág. 124). También en los artículos desconocidos por Ballesteros hay algunos lapsus: la confusión de Bravo Murillo con González Brabo (cfr. págs. 54 y 66) y la de Buceta con Pucheta (cfr. pág. 53).

Todos esos errores se mantienen en la traducción. En ella se ha -seguido siempre el criterio de abstenerse de correcciones. Al mismo criterio obedece la práctica seguida de mantener los textos españoles o traducidos por Marx tal como éste los da, ya sean textos políticos, ya sean textos literarios, como la cita del Quijote en la página 71.

Quizá precisamente por su modestia dentro de la obra de Marx, los artículos contenidos en este volumen son una verdadera piedra de toque para juzgar a su autor. Es éste un ID6sofo y teórico de la sociedad que los ha escrito por motivos de pane lucrando, pan que siempre le fue muy escaso en Inglaterra. Más de un talento, verdadero mostraría en circunstancias tales las mayores flaquezas de su personalidad intelectual. Tal vez sea ése también el caso aquí. Pero pese a ello estos mtículos son prototipos de la aplicación consciente y concienzuda de un método. Hay, ante todo, el historicismo de principio de su autor: para comprender él mismo y hacer comprender a sus lectores el pronunciamiento de O’Donnell y Dulce, el insólito periodista promete y realmente ofrece “un conspecto de la primitiva historia revolucionaria de España” (pág. 86).

El estudio de la misma le lleva a concluir que el momento culminante de la revolución burguesa en España coincide con la guerra de la Independencia. En ese momento el fl.orecimientd más o menos pleno de “las condiciones naturales de la sociedad moderna” en las ciudades comerciales y portuarias (pág. 91) tiene en su favor determinadas circunstancias políticas y militares.

Pero, como toda guerra antinapoleónica, la española lleva también inextricablemente mezclados elementos reaccionarios y revolucionarios. A Marx le parece empero observar en la guerra española características muy particulares. Asume entonces resueltamente la relevancia metodológica de ese “rasgo diferencial” y realiza un estudio histórico inequívocamente encaminado a la comprensión de la peculiaridad, único ‘camino transitable para llegar a entender la acción de leyes sociales generales en un medio determinado.

Ya ese solo rasgo basta para poner de manifiesto una importante diferencia entre el verdadero método de Marx y la simplificadora imagen del mismo que suele darse en manuales y polémicas al uso. Pero el contraste resulta aún mucho más vivo cuando se observa que el análisis de la peculiaridad española se mueve principalmente en el terreno sobreestructural de las instituciones, la cultura, la psique popular y la política. Así por ejemplo, por lo que hace a la historia revolucionaria española, Marx da un papel de cierta importancia a la tradicional constante del levantamiento contra aisladas camarillas, y para la interpretación de la constitución de 1812 apela tanto a factores sociales estructurales cuanto a elementos de la¡ tradición jurídica e institucional, como son los fueros y las Cortes medievales. Un fenómeno político-militar, la Reconquista, es interpretado por Marx como la causa primera de un rasgo estructural de la sociedad española que le parece decisivo: el aislamiento local, la autosuficiencia y la independencia de las fuerzas regionales. Con esa causa se entreteje luego según él en el curso de la historia española otro factor político, a saber, la incapacidad de la dinastía austríaca para crear un estado moderno centralizado. Todo ello redunda por un lado en un anquilosamiento cada vez más manifiesto del estado, y en el retraso del logro de las “condiciones naturales de la sociedad moderna” por otro.

El sentido de esa flexibilidad metodológica quedaría empero sin apresar si no se viera en ella más que un empírico aferrarse a una supuesta sustantividad cerrada de un complejo de datos nacionales. Los artículos de Marx sobre España están sembrados de alusiones y referencias que ponen los acontecimientos españoles en explícita correlación con la historia moderna europea en general y con la interpretación marxista de la misma en particular. La insistente búsqueda de la peculiaridad revolucionaria española no es fruto de una gratuita postulación de misteriosos rincones estancos y racionalmente irreductibles en el “alma” o “vividura” de los pueblos. Tiene raíces menos especulativas: es en última instancia consecuencia de un principio metódico, a saber, el de la importancia del papel dialéctico de los elementos sobrestructurales -tradición, cultura, instituciones, política, religión- en su reversión sobre los elementos estructurales básicos de la vida social. Y llama incluso la atención, como ha señalado Brenan([10]) al notar que Marx no considera el proceso de desamortización de las tierras eclesiásticas y comunales, la radicalidad con que aplica el principio. Marx se mueve en efecto inicialmente en cada análisis en un terreno sobrestructural, generalmente el político, y no lo abandona hasta tropezar, como sin buscarla, con la intervención ya palmaria de las “condiciones naturales” sociales. El método puesto en obra por Marx en estos artículos podría, pues, cifrarse en la siguiente regla: proceder en la explicación de un fenómeno político de tal modo que el análisis agote todas las instancias sobrestructurales antes de apelar a las instancias económico- sociales fundamentales. Así se evita que éstas se conviertan en Dii ex machina desprovistos de adecuada función heurística. Esa regla supone un principio epistemológico que podría formularse así: el orden del análisis en la investigación es inverso del orden de fundamentación real admitido por el método.

La importancia de esas cuestiones metodológicas en el estado actual de los estudios marxistas da a estos artículos un valor que supera ampliamente el que suele ser propio de ese género literario. Ello justifica la afirmación antes hecha de que el principal interés de su lectura estriba en su carácter de piedra de toque de una metodología. Por otra parte, el que tales cuestiones puedan ser suscitadas por la lectura de unos artículos periodísticos es un hecho que da testimonio de la coherencia del obrar y de la vida de su autor, coherencia capaz de extenderse hasta una actividad ocasional en él, escritor nada “ensayista”.

Los artículos de Engels contenidos en este volumen componen tres series de desigual interés. Las dos primeras (partes cuarta y quinta) son fundamentalmente informativas. La otra (parte sexta) es la única muestra de literatura política militante en esta publicación.

Los artículos de Engels en Der Volkstaat sobre “la sublevación española del verano de 1873” – es decir, sobre la rebelión cantonal o federalista de aquel año – merecen atención en más de un respecto; pues aparte del interés que puedan tener para la contemplación de aquellos acontecimientos desde el punto de vista de la Primera Internacional, esos escritos ocupan un lugar en el proceso de clarificación de las concepciones políticas de los partidos marxistas frente a las ardorosas impaciencias del comunismo anarquista.

Los cuatro artículos están escritos con un pathos que exaspera aún más la ya acostumbrada dureza del estilo polémico de Engels. Acaso pueda explicarse esa circunstancia por el hecho de estar escritos menos de un año después de la batalla que terminó con la expulsión de Bakunin y Guillaume de la Internacional en el congreso de La Haya (septiembre de 1872). La lucha en el congreso había tenido momentos de dramática tensión, y el más violento de ellos había sido protagonizado precisamente por el propio Engels: “Engels dice que tenemos que decidir si la l. A. A. [Internationale Arbeiter Association (Asociación Internacional de Trabajadores)] debe seguir siendo administrada según principios democráticos o gobernada por. una dique organizada secretamente y con violación de los estatutos de la l. A. A. Hay aquí presentes seis personas que pertenecen a esa sociedad secreta: los cuatro españoles, Schwitzguebel y Guillaume. Guillaume interrumpe: «Eso es falso», Engels continúa: «Tengo las pruebas aquí» (las saca de la cartera). Guillaume se ve obligado a retirar sus palabras”.([11])

No se presentó en el congreso moción alguna contra los cuatro delegados españoles.([12]) Por lo demás, las minutas ponen de manifiesto que el congreso, no creyó en ningún momento que los españoles hubieran participado en la actividad conspiratoria de los principales lugartenientes de Bakunin.

La influencia de éste en España quedaba, empero, de manifiesto.([13]) En los artículos aquí traducidos Engels atribuye a ésa influencia la actitud apolítica de los dirigentes obreros españoles, actitud que privó a la joven república de una base proletaria unificada y organizada y atomizó la clase obrera en la extraña aventura cantonalista. Un hecho sin duda desconocido por Engels da notable fuerza a su interpretación política de los acontecimientos: la defensa de la Internacional hecha por Salmerón en el célebre discurso ante las Cortes del 1872. La interpretación de Engels puede resumirse en una frase del primer artículo, formulación del “politicismo” de los comunistas marxistas frente al “apoliticismo” de los comunistas bakuninistas: “España es un país tan atrasado desde el punto de vista industrial que no puede en absoluto hablarse de una emancipación completa e inmediata de la clase obrera. Antes de llegar a ello tiene que pasar España por varios estadios de desarrollo previos y superar totalmente cierto número de obstáculos. La república ofrecía una oportunidad para comprimir el proceso de esos estadios previos en el menor tiempo posible y para eliminar rápidamente aquellos obstáculos. Pero esa oportunidad sólo podía aprovecharse mediante la intervención política activa de la clase obrera española” (pág. 125). La intervención meramente violenta y apolítica que propugnó y realizó la Alianza anarquista es para Engels “un ejemplo insuperable de cómo no se hace una revolución” (pág. 247).

Los artículos de Engels que cierran este volumen tienen, pues, para el lector español, junto con el evidente interés de su significación en la historia de la doctrina política marxista, el de su inmediata referencia a un capítulo no muy lejano de la historia de España. Tal vez incluso más ·lejano en los calendarios que en el tiempo social del país.

Barcelona, mayo de 1959.

PARTE PRIMERA

KARL MARX

 

 

Correspondencias para la <<New Daily Trihune>> sobre la «Vicalvarada> (1854)

LA INSURRECCIÓN DE MADRID

Londres, 4 de julio de 1854

La tan esperada insurrección militar en Madrid se ha producido finalmente bajo la dirección de los generales O’Donnell y Dulce. Los periódicos gubernamentales franceses se han apresurado ya a informar de que el gobierno español ha superado el peligro y de que la insurrección ha sido aplastada. Pero el corresponsal de The Morning Chronicle en Madrid, que da una detallada exposición del movimiento y comunica el manifiesto de los insurrectos, dice que éstos han abandonado simplemente la capital para unirse con la guarnición de Alcalá, y que en caso de que Madrid permaneciera pasivo no tendrían dificultad alguna para alcanzar Zaragoza. Si el movimiento tuviera más éxito que la última rebelión ocurrida en aquella ciudad, las consecuencias provocarían una diversión de la acción militar francesa, constituirían materia de discrepancias entre Francia e Inglaterra y afectarían probablemente también a la complicación existente entre España y el gobierno de los Estados Unidos. [New York Daily Tribune, 19 de julio de 1854]

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[1] Carta a Engels de 2 de agosto de 1854. Marx und Engels Gesamtausgabe, dritte Abteilung, Band 2, 1930, pág. 51

[2] .KARL MARX, Chronik seines Lebens, 1934, pág. 148.

[3] Por lo que hace a la literatura extranjera reciente sobre España, Brenan es probablemente uno de los autores que ·más han estudiado los artículos de Marx en cuestión. Hace suyo incluso el criterio básico de Marx en su estudio: “Hace casi noventa años observaba Karl Marx que el conocimiento de la historia de España era en su tiempo completamente inadecuado. <<No hay quizás escribe, país alguno tan mal conocido y tan falsamente juzgado como España>>. Y pasa a explicar que eso se debe al hecho de que los historiadores <<en vez de ver la fuerza y los recursos de esos pueblos en su organización provincial y local, han bebido en la fuente de sus historias oficiales>>. Esas observaciones siguen teniendo hoy gran parte de verdad”. (GERALD BRENAN, The spanish Labyrinth, 2ª ed. 1950, Preface a la lª ed. [1942], pág. IX). El punto de vista estrictamente geopolítico de Brenan está empero muy lejos del método de Marx

[4] CARLOS MARX, La Revolución Española (1808-1814, 1820– 1823, 1840-1843) traducción directa de Andrés Nin, citas aclaratorias de divulgación histórica de Jenaro Artiles, Madrid, 1929.

[5]Además de sus deficiencias de traducción – algunas de ellas ¡por ingenuo !Patriotismo – la edición de Nin ·tiene el principal defecto de ser muy incompleta: le faltan los artículos que forman las ¡¡artes primera y tercera de este volumen. Ballesteros tampoco parece conocerlos.

[6] Ballesteros coincide concretamente con la interpretación de ciertos acontecimientos o fenómenos puramente políticos con Marx. He aquí un ejemplo, a propósito de la prolongada ausencia de republicanismo en el XIX español: Marx: cSi las Cortes españolas se abstuvieron de chocar con la Corona en 1812, ello se debió al hecho de que b Corona estaba representada sólo nominalmente, pues el rey estaba ausente del suelo español desde hacía años. Y si también se abstuvieron de hacerlo en 1837 fue porque tenían que terminar con la monarquía absoluta antes de poder pensar en hacerlo con la constitucional (pág. 58): Ballesteros: •S011J?rende a muchos que no surgiera diáfana y clara una tendencia republicana en ningún sector, pero la razón está en que el partido extremista, como el templado, no sólo combatía al rey, sino que tenía enfrente un poderosísimo ambiente de opinión absolutista, cuyos partidarios, aunque vencidos momentáneamente por la revolución, no se resignaban a la derrota•. (Historia de España y su influencia en la historia universal, tomo VIII, 1936, pág. 175).

[7] BALLESTEROS y BERETTA, .ANTONIO, op. cit., VIII, pág. 99.

[8] <<… el gobierno, ·generoso y noble, ¡preparó el viaje secreto de Cristina a Portugal, escoltada ¡por dos escuadrones que mandaba el general Garrig6. Estalla un motín popular de protesta, y el duque de la Victoria, con hidalga entereza, se muestra tanto o más celoso que O’Donnell en reprimir el desmán de los que levantaron barricadas insultando a la ex reina gobernadora• (BALLESTEROS, op. dt., VIII, págs. 46 y 47).

[9]El texto de Ballesteros se refiere a la reacción de 1823, el de Marx a la de 1814; se confrontan como muestras de dos métodos de interpretar circunstancias subjetivas análogas en un pueblo.

[10]The spanish Labyrinth, pág. 346.

[11] The First Intematiotwl. Minutes of the Hague Congress of 1872 with related documents, edited and translated by Hans Gerth. The University of Winconsin Press, Madison, 1958, pág. 26 [de las fotocopias de los manuscritos de las minutas]. La existencia de esas minutas -probablemente redactadas para uso privado por Sorge y publicadas por vez primera en 1958 por Gerth en excelentes fotocopias – era desconocida por el propio Engels, como se desprende de su carta al citado Sorge, de 21-9-1872, citada por Gerth en su edición.

[12] Las minutas dan los nombres de González Morago, Marcelau, Alerini y Lafargue Pellicer. Lafargue, el yerno de Marx, representaba además la federación de Madrid, donde residía; era el único representante español no bakuninista.

[13] Las consideraciones histórico-críticas de Gerth son bastante menos apreciables que su obra de editor. En el concreto punto de la influencia de Bakunin en España, Gerth interpreta la posición de los marxistas – Marx, Engels, Lafargue, Sorge, etc. – en el congreso de La Haya del modo siguiente: • Y puesto que Marx poseía un conocimiento profundo de las peculiaridades sociales de la Península Ibérica, el éxito de Bak1Jnin tenía que haberse debido a actividades conspiratorias, no a “factores objetivos”.• (The First ... , Introduction, pág. XV). Esa interpretación es insostenible a la vista del material publicado por el propio Gerth. En el informe del marxista Sorge a la federación norteamericana de la que fue delegado en La Haya, el éxito de Bakunin en España y en Italia se atribuye precisamente a factores objetivos, lo cual, naturalmente. no hablaba ni en pro ni en contra de la existencia de una sociedad secreta conspiratoria bakuninista en el seno de la Internacional. Escribe Sorge: •Hay poco peligro de que el obrero !)Jráctico y sensato se deje engañar por esa retórica [anarquista]. Por eso, en los países de industria muy desarrollada, Inglaterra, Francia, Alemania, apenas encontramos esos llamados federalistas, o no encontramos siquiera partidarios de esa tendencia; ésta tiene en cambio un considerable número de discípulos en aquellos países en que la industria y el proletariado están poco desarrollados, y la clase obrera está, por tanto, lejos todavía de tener conciencia de su situación -así por ejemplo en Italia y en España – •. (The First … , página 127).

1 Comentario

  1. .

    Estamos lejos del tiempo de Engels, pero sorprendentemente cerca de la realidad de ese tiempo.

    De nuevo la realidad no parece haber cambiado. Logias en las que se ocultan las intenciones revolucionarias; que se van luego demostrando contrarevolucionarias; al servicio de las superestructuras.

    Nada que ver con la idea romántica de la “Logia de Izquierdas”. Pues una cosa es la “discreción” y el secreto que es propio de la lucha obrera contra el aparato represivo del Estado Burgués, y otra bien distinta es que, tras el secreto, se oculte la traición; no solo en cuanto al enemigo, sino, lo que es peor, contra la Revolución, que instrumentalizan para colmar sus deseos personales y mezquinos de poder. Como en todas las épocas revolucionarias; desde los Graco a las Revoluciones de Colorines de hoy en día, pasando por las decimonónicas, objeto del trabajo ahora publicado por Punto Crítico.

    Nada más actual que la historia; más cíclica que innovadora en su realidad.
    Gracias.

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