NI REÍR NI LLORAR, SINO FILOSOFAR, por Baruch de Spinoza

A mí, esas turbas no me incitan ni a reír ni a llorar, sino más bien a filosofar y a observar mejor la naturaleza humana. Pues constato que algunas cosas naturales, que sólo percibo de forma parcial e inexacta, y que no concuerdan en modo alguno con nuestra mentalidad filosófica, me parecían antes vanas, desordenadas y absurdas. Por eso, yo dejo que cada cual viva según su buen parecer, y quienes así lo deseen que mueran por su bien, mientras que a mí me sea lícito vivir para la verdad.”

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Esperaré a que los beligerantes se hayan saciado de sangre y hayan reposado un poco para reponer sus fuerzas. Si aquel célebre burlón (Demócrito) viviera en estos tiempos, realmente moriría de risa.

¡Qué pico de oro!, de Goya (1797-1798). Así vio el genial pintor español a los predicadores de su tiempo que mantenían embobados con su labia a los ignorantes.

DEJEMOS QUE CADA CUAL VIVA SEGÚN SU BUEN PARECER…

A mí, empero, esas turbas no me incitan ni a reír ni a llorar, sino más bien a filosofar y a observar mejor la naturaleza humana. Pues no pienso que me sea lícito burlarme de la naturaleza y mucho menos quejarme de ella, cuando considero que los hombres, como los demás seres, no son más que una parte de la naturaleza y que desconozco cómo cada una de esas partes concuerda con su todo y cómo se conecta con las demás.

En efecto, yo constato que sólo por esa falta de conocimiento algunas cosas naturales, que sólo percibo de forma parcial e inexacta, y que no concuerdan en modo alguno con nuestra mentalidad filosófica, me parecían antes vanas, desordenadas y absurdas.

Por eso, yo dejo que cada cual viva según su buen parecer, y quienes así lo deseen que mueran por su bien, mientras que a mí me sea lícito vivir para la verdad.

…PERO ESFORCÉMONOS POR EXTIRPAR PREJUICIOS Y AFIRMAR LA LIBERTAD

Ya estoy redactando un tratado sobre mis opiniones acerca de la Escritura. Las razones que me mueven a ello son:

  1. Los prejuicios de los teólogos, pues sé que ellos son lo que más impide que los hombres se consagren de veras a la filosofía; por eso me esfuerzo en ponerlos al descubierto y extirparlos de la mente de los más sensatos;
  2. La opinión que tiene de mí el vulgo, ya que no cesa de acusarme de ateísmo; me siento forzado a desecharla en cuanto pueda;
  3. La libertad de filosofar y de expresar lo que pensamos; deseo afirmarla por todos los medios, ya que aquí se la suprime totalmente a causa de la excesiva autoridad y petulancia de los predicadores.

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BARUCH DE SPINOZA, Carta 30, a Henry Oldenburg, 1665. Alianza Editorial, 1988. Traducción de Atilano Domínguez. Filosofía Digital, 2006

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