MOCIÓN DE CENSURA: UN GOLPE MEDIÁTICO, QUE HA RESULTADO SER POLÍTICO – Moción de censura: ¿Moción de fisura? por José Antonio Pérez Tapias

MOCIÓN DE CENSURA: UN GOLPE MEDIÁTICO, QUE HA RESULTADO SER POLÍTICO

El escalofrío precede a la grima. Temo leer las noticias del día. Desde que la gota hizo rebosar el vaso de la incredulidad, el vertido ya va a chorros. A partir del momento en que los Magistrados de la Audiencia Nacional se desvelan como informantes de los “investigados” en casos de Corrupción de gravedad inaudita, nada puede ya sorprenderme.

Pero, pese a que asumimos, con Thoreau, que “lo bien hecho, bien hecho queda para siempre”, hay momentos en que la realidad destroza cualquier estrategia; que por bien hecha que estuviere, nunca podrá ser efectiva sin ser flexible. Flexible en la elección de los medios más adecuados, siempre éticos, siempre honestos, de entre los disponibles. Pero rígida en cuanto al objetivo final perseguido.

El departamento de Merchandising de Podemos ha dado un golpe mediático, que ha acabado siendo político, dicho sea con la venia de la Profesora Doctora Doña Ángeles Díez.

Porque hay momentos en que la exigencia, también de Thoreau, “no reclamo la ausencia de gobierno, sino en seguida uno mejor”, exige su inmediata satisfacción. Momentos como el que ahora atravesamos.

Compartiendo los argumentos del Señor Pérez Tapias, contundentes y claros, ante la excepcionalidad del momento en que nos encontramos (no por ser novedad el alcance judicial de la corrupción política, sino por su general conocimiento, producido en los últimos días), aún de manera vacilante, hemos de tomar partido por Thoreau. Esperando, eso sí que los astros del más brillante firmamento filosófico iluminen al equipo de Pedro Sánchez y le lleven a encontrar la mejor respuesta, dentro de la más estricta honestidad y transparencia, al reto planteado por los de Somosaguas, que empezó siendo mediático y acabó resultando político.

Porque, desde la ética diremos que los Fines son los medios; no hay fines honestos que puedan ser alcanzados y sostenidos mediante medios deshonestos. Les dejamos -como aperitivo al artículo de Don José Antonio Pérez Tapias (Izquierda Socialista PSOE)-, con Maquiavelo, don Nicolás.

 

DEBER DEL HOMBRE BUENO EN TIEMPOS MALOS, por Nicolás Maquiavelo

Los hombres alaban siempre, aunque no siempre con razón, los tiempos antiguos, y critican los presentes; y son partidarios de las cosas pasadas hasta el punto de que no sólo celebran aquellas épocas que son conocidas por nosotros gracias a los recuerdos que nos han dejado los escritores, sino incluso aquellas que, siendo viejos, recuerdan haber visto en su juventud. Y cuando estas opiniones resultan falsas, como lo son la mayoría de las veces, creo que han sido llevados a tal engaño por varios motivos.

 

El primero creo que es que no se conoce toda la verdad de las cosas antiguas, porque la mayor parte de las veces se ocultan las infamias y se magnifican y amplifican las glorias. Porque la mayoría de los escritores son tan obedientes a la fortuna de los vencedores que, para hacer más gloriosas sus victorias, no solamente acrecientan sus valerosas acciones, sino que ilustran de tal modo los actos del enemigo que los nacidos luego en cualquiera de los dos países, el vencedor o el vencido, tienen motivos para maravillarse de aquellos hombres y aquellos tiempos, y están obligados en grado sumo a alabarlos y amarlos.

Además de esto, como los hombres odian las cosas por temor o por envidia, en las cosas pasadas han desaparecido las dos causas más poderosas del odio, pues ya no te pueden dañar ni hay razón para envidiarlas. Lo contrario sucede con las cosas que se administran y se ven, pues éstas se conocen enteramente y no ocultan nada, de modo que, viendo en ellas, junto con el bien, muchas cosas que te desagradan, te sientes obligado a juzgarlas muy inferiores a las antiguas, aunque en honor a la verdad las cosas presentes merezcan mucha más gloria y fama: y no hablo aquí de lo concerniente a las artes, pues éstas llevan en sí tal claridad que el tiempo puede otorgarles o quitarles poca gloria fuera de las que merezcan en sí mismas, sino de lo que concierne a la vida y a las costumbres de los hombres, de las que no se ven testimonios tan claros.

Replico pues que es cierta esa costumbre de alabar y criticar, pero que no siempre se yerra al hacerlo, pues es necesario juzgar la verdad en cada caso particular, ya que, como las cosas humanas están siempre en movimiento, o se remontan o descienden. Supongamos una ciudad o un país ordenado para la vida política por un hombre excelente, que por un cierto tiempo, gracias a la virtud de su organizador, hace grandes progresos. Quien naciera entonces en tal estado y alabase con preferencia los tiempos antiguos, se engañaría, y su engaño provendría de las causas citadas arriba. Pero los que nazcan después en aquella ciudad o país, cuando haya llegado el tiempo de su declinación, no se engañarán.

Y pensando cómo suceden estas cosas, he llegado a la conclusión de que se producen siempre del mismo modo, y que siempre hay la misma cantidad de bondad y maldad, pero que este bien y este mal cambian de provincia en provincia, como se puede ver por lo que se conoce de los imperios antiguos, que cambian de un lugar a otro por la variación de las costumbres, pero el mundo permanece igual. Sólo existe esta diferencia: que primero se alojó la virtud en Asiria, luego en Media, después en Persia, y así hasta que llegó a Italia y a Roma; y si después del imperio romano no ha surgido ninguno otro imperio duradero ni un lugar donde el mundo reúna toda su virtud, vemos sin embargo que ésta está diseminada en muchas naciones donde se vivía virtuosamente, como era el reino de los francos, el de los turcos, el del sultán, y hoy los pueblos de Alemania, y antes aquella secta sarracena que hizo tan grandes cosas y ocupó tanta porción del mundo, destruyendo el imperio romano oriental.

En todas estas provincias, en todas estas sectas, ha residido la virtud, después que los romanos se desplomaron, y aún se conserva en buena parte de ellas, se desea y es loada con sincera alabanza. Y quien nace en alguna de éstas y alaba los tiempos pasados más que los presentes, puede que se engañe; pero quien ha nacido en Italia o en Grecia, y no se ha convertido, en ultramontano si es de Italia o en turco si es griego, tiene razón en abominar de sus tiempos y alabar los antiguos, porque en los antiguos se encuentran muchas cosas que los hacen admirables, y en éstos no hay nada que compense tan extrema miseria, infamia y vituperio: no se observa la religión, ni las leyes, ni la milicia, sino que están manchados por todo género de brutalidad. Y estos vicios son tanto más detestables por cuanto que se encuentran con mayor frecuencia en los que presiden los tribunales, mandan a los hombres y quieren ser adorados.

Pero volviendo a nuestro razonamiento, diré que si el juicio de los hombres está obnubilado para juzgar cuál sea mejor, si el tiempo pasado o el presente, en aquellos casos en que, por la antigüedad, no se puede tener un conocimiento perfecto como es el de su propia época, en cambio no deberían cegarse los viejos al comparar las épocas de su juventud y de su vejez, pues ambas las han visto y conocido igualmente. Esto sería cierto si los hombres, durante todo el tiempo de su vida, conservaran el mismo juicio y tuvieran los mismos deseos, pero como ellos cambian, aunque los tiempos no cambien a los hombres no les pueden parecer los mismos, teniendo otros deseos, otros placeres, otras consideraciones en la vejez que en la juventud.

Porque encontrándose los hombres faltos de fuerzas al envejecer, y creciendo en juicio y en prudencia, es preciso que las cosas que en la juventud les parecían soportables y buenas les resulten al envejecer insoportables y malas, y como no pueden acusar a su juicio, acusan a los tiempos. Siendo, además, los apetitos humanos insaciables, porque por naturaleza pueden y quieren desear toda cosa, y la fortuna les permite conseguir pocas, resulta continuamente un descontento en el espíritu humano, y un fastidio de las cosas que se poseen, que hace vituperar los tiempos presentes, alabar los pasados y desear los futuros, aunque no les mueva a ello ninguna causa razonable.

No sé, por consiguiente, si mereceré contarme en el número de los que se engañan, si en estos discursos míos alabo demasiado la edad de los antiguos romanos y critico la nuestra. Y ciertamente, si la virtud que entonces reinaba y el vicio que ahora reina no fuesen más claros que el sol, sería más cauto con las palabras, temiendo no caer en este engaño del que acuso a otros. Pero siendo la cosa tan manifiesta que cualquiera puede verla, me animará a decir manifiestamente lo que me parece de aquellos tiempos y de éstos, de modo que los espíritus de los jóvenes que lean estos escritos míos huyan éstos y se dispongan a imitar aquéllos, tan pronto como la fortuna les dé ocasión para hacerlo.

Porque el deber del hombre bueno es enseñar a otros el bien que no ha podido poner en práctica por la malignidad de los tiempos o de la fortuna, para que, siendo muchos los capaces, alguno de ellos, más amado del cielo, pueda ponerlo en práctica.

*******

NICOLÁS MAQUIAVELO (1469-1527), Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Proemio al Libro Segundo. Alianza Editorial, 1987. Traducción de Ana Martínez Arancón. Filosofía Digital, 2012.

*******

Moción de censura: ¿Moción de fisura? por José Antonio Pérez Tapias

Publicado en CTXT el 30 de abril de 2017

Ha sido importante y contundente el gesto de presentar la iniciativa de una moción de censura al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ya que responde a un imperativo ético-político que muchos podemos compartir. Ahora bien, desgraciadamente el cuándo y el cómo de la forma que se ha planteado desde la dirección de Unidos Podemos no ha contribuido –me sumo en ese diagnóstico al realizado desde Asturias por Gaspar Llamazares- a que en torno a dicho imperativo se haya producido el diálogo necesario entre fuerzas políticas para hacer de verdad efectiva dicha moción.  Por ello, dado que en vez de diálogo se ha dado un alejamiento entre partidos que debían coincidir en el objetivo de sacar a Rajoy del gobierno, por su responsabilidad ante la corrupción sistémica del PP y por sus políticas antisociales, es por lo que cabe preguntarnos si no se nos convierte una justificada moción de censura  en una “moción de fisura”. Una vez más se ofrece a la ciudadanía el espectáculo de unas izquierdas incapaces de pactar para alcanzar objetivos comunes en beneficio de la mayoría y, desde luego, a favor de la dignidad democrática de nuestra sociedad. El efecto perverso es que se desplaza la atención de la corrupción que se denuncia a las divergencias que se manifiestan en cómo proceder para su erradicación. Y no es mera cuestión de formas, pues en democracia los procedimientos llevan incorporados contenidos de valores que nos son imprescindibles. El respeto que nos debemos como ciudadanas y ciudadanos no es mera formalidad.

Pongamos por delante una premisa: Rajoy no tenía que ser el presidente del Gobierno de España. El “no” a su investidura, defendido por distintas fuerzas políticas y por Pedro Sánchez en su última etapa como secretario general del PSOE, con otros muchos que le acompañábamos en tal posición, estaba totalmente fundado. Por dignidad política. Pero es más, con mirada retrospectiva hay que decir que a Rajoy no se le debió permitir que acabara su anterior mandato como presidente. Es decir, se le debió presentar una moción de censura ya hace años. En mi caso, así lo propugné, pues había razones y condiciones para intentarla.

A RAJOY NO SE LE DEBIÓ PERMITIR QUE ACABARA SU ANTERIOR MANDATO COMO PRESIDENTE. SE LE DEBIÓ PRESENTAR UNA MOCIÓN DE CENSURA YA HACE AÑOS. EN MI CASO, ASÍ LO PROPUGNÉ, PUES HABÍA RAZONES Y CONDICIONES PARA INTENTARLA

Ahora, sin embargo, cuando Unidos Podemos ha planteado llevar a cabo una moción de censura, siendo del todo verdad que los motivos incluso se han incrementado, lo cierto es que las condiciones no están de momento dadas y, por tanto, hay que prepararlas. Ello es así, máxime si se necesitan alianzas para contar con mayoría suficiente. El camino no es presentar la intención de moción de censura en rueda de prensa unos minutos después de decirlo a los potenciales aliados. Conociendo lo que se exige a una moción de censura en nuestro ordenamiento legal, hubiera requerido una negociación previa a su anuncio como algo inmediato. Si la efectividad de la medida reclama aliados en torno a un programa alternativo y a una candidatura a la presidencia del gobierno, lo menos es haber sondeado su posibilidad con quienes podrían –y en su caso hasta deberían- suscribir la moción contra el actual presidente del Gobierno. En cuanto a las propias formaciones políticas que integran Unidos Podemos y al grupo parlamentario que forman, no es tampoco menor la exigencia de suficiente debate interno en torno a una decisión de tal calado.

Llevan razón todas las voces que señalan que, dado el desprestigio de nuestras instituciones democráticas a causa de los escándalos de corrupción política que afecta al PP –y no sólo a este partido-, así como por las actitudes obstruccionistas en cuanto a la persecución de la misma que se detectan entre destacados miembros de la cúspide del ministerio fiscal, amén de las muy desatinadas declaraciones de determinados ministros del gobierno, es de todo punto imperioso proceder a una moción de censura. Cierto, mas igualmente es verdad que hay que afinar en cuanto a tiempos y modos para que la efectividad de tal moción sea máxima. Pues, aunque una moción puede tener el legítimo objetivo de desgastar a un gobierno o, como ha señalado Enric Juliana en uno de sus artículos, la pretensión de ganar espacio y crédito en la opinión pública, las circunstancias tan graves por las que pasa el Estado español con un gobierno como el que tiene reclaman que una moción de censura no sólo sea viable en cuanto a presentarla, sino además factible en cuanto al objetivo de que realmente se proceda a un cambio de gobierno. En tal sentido, bien cabe recordar a Antonio Gramsci, precisamente en estos días del LXXX aniversario de su muerte en la cárcel condenado a prisión bajo el fascismo, sosteniendo que en la “guerra de trincheras” hay que ponerse de acuerdo a la hora de salir a campo abierto, para que el enemigo no venza. No debe acabar todo esto suponiendo un regalo para Rajoy, que le consolide al frente del gobierno todos los años posibles de legislatura, debido a que los partidos de la oposición no son capaces de pactar en asunto tan grave como crucial.

HAY QUE AFINAR EN CUANTO A TIEMPOS Y MODOS PARA QUE LA EFECTIVIDAD DE TAL MOCIÓN SEA MÁXIMA. PUES, AUNQUE UNA MOCIÓN PUEDE TENER EL LEGÍTIMO OBJETIVO DE DESGASTAR A UN GOBIERNO, DEBE SER FACTIBLE EN CUANTO AL OBJETIVO DE QUE REALMENTE SE PROCEDA A UN CAMBIO DE GOBIERNO

A nadie se le escapa que al anuncio de una moción de censura al gobierno del PP pilla al PSOE metido de lleno en un proceso complejo y tenso de primarias para elegir Secretario General. Es por eso que la presión sobre quienes han presentado candidaturas para que se pronuncien al respecto es grande. Quien no tiene especial empeño en pactos por la izquierda y además ha propiciado que gobierne Rajoy promoviendo la abstención en el proceso de investidura para que así sea, no tiene dificultades en mantenerse al margen de una moción que no comparte. Quien, como Pedro Sánchez, ha propugnado el “no” a un gobierno presidido por Rajoy y además ha pedido la comparecencia de éste ante el pleno del Congreso para que dé cuenta de los escándalos ocurridos recientemente bajo su responsabilidad, tiene que afrontar una situación más delicada. Se comprende que no se pronuncie, no ya sobre una moción de censura en general, sino sobre ésta, planteada en un aquí y ahora que no ha contemplado las circunstancias en que se ha de implementar la moción si se quiere un apoyo parlamentario suficiente o, al menos, digno, la cual además se ha lanzado a la arena política sin precisar elementos fundamentales como programa o candidato alternativo. Para colmo se desconsideran los límites que la misma norma constitucional establece respecto a poner en el futuro otra moción de censura una vez que ya se ha oficializado una anterior. De ahí la necesidad de proceder con el mayor rigor respecto a programa, a candidato y a votos para no fallar el tiro.

 

Desde el PSOE no se actúa, a mi juicio, con la imprescindible inteligencia política cuando como toda respuesta se echa en cara a Podemos que ya tuvo la ocasión de impedir un gobierno del PP tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015. Sigue siendo, por déficit analítico, un mal argumento recordar sin más que Podemos y PP coincidieron en no dar el voto a Sánchez cuando se presentó en el  parlamento para la presidencia del gobierno –por más que efectivamente fuera lamentable que no la alcanzara-. Por otro lado, desde Podemos se pinta la realidad con indeseable brocha gorda cuando se tacha a todo el PSOE de corrupto por distanciarse de la moción que se presenta, o cuando se elude el hecho de que precisamente la dura confrontación electoral que se da en el campo socialista tiene causa en las antagónicas posiciones –nada de postureo- en cuanto a apoyar o no un gobierno del PP. Acaba siendo muestra de escasa voluntad de pacto político por la izquierda el permitirse una falta clamorosa de análisis, no teniendo en cuenta diferencias y matices, lo cual denota un insuficiente planteamiento político –salvo que sólo se persigan los réditos de la incidencia mediática del gesto-.

DESDE EL PSOE NO SE ACTÚA, A MI JUICIO, CON LA IMPRESCINDIBLE INTELIGENCIA POLÍTICA CUANDO COMO TODA RESPUESTA SE ECHA EN CARA A PODEMOS QUE YA TUVO LA OCASIÓN DE IMPEDIR UN GOBIERNO DEL PP TRAS LAS ELECCIONES DEL 20 DE DICIEMBRE DE 2015

No hace falta insistir, por evidente, que el PSOE no se vería en tan apurados trances si no se hubiera dado el golpe de mano que tuvo lugar para derrocar a su antiguo Secretario General,  y si no se hubiera prolongado hasta el día de hoy la interinidad en que se halla por largos meses un partido descabezado. Por lo demás, el Grupo Parlamentario Socialista no tenía que haber sumado sus votos a PP y Ciudadanos para impedir la comparecencia de Rajoy en el Congreso sobre la corrupción que afecta al PP y sobre las impresentables declaraciones de ministros de su Gobierno. Reclamar esa comparecencia es del todo pertinente. Y además serviría de preparación para proceder en el momento adecuado a una moción de censura, cuyo carácter imperativo no se ve mermado por la búsqueda de condiciones idóneas para ello. Será por eso que estos días tanto me acuerdo de aquel libro de hace unas décadas escrito por el comunista alemán Wolfgang Harich, Crítica de la impaciencia revolucionaria, el cual lo que cuestiona de suyo es una impaciencia política que en verdad no es revolucionaria.

Sacar a Rajoy de la presidencia del Gobierno de España es imperiosa necesidad y como tal, aunque no sea la lucha final, requiere que nos agrupemos todos los que así lo queremos por justas y fundadas razones. Sobran, pues, los tacticismos de corto alcance que a la postre se vuelven en contra, haciendo falta, por el contrario, una bien pensada estrategia que, como con todo acierto subrayaba Daniel Bensaïd en su “política profana”, es condición de toda acción política que en verdad lo pretenda ser. Lo que aún cabe preguntar es si serán capaces de ello nuestras izquierdas para que, en situación tan decisiva, lleguemos a refutar con los hechos aquellas palabras del Juan de Mairena de Machado en las que con pesar se decía: “Nuestros políticos llamados de izquierda, un tanto frívolos –digámoslo de pasada- , rara vez calculan, cuando disparan sus fusiles de retórica futurista, el retroceso de las culatas, que suele ser, aunque parezca extraño, más violento que el tiro”.  Con una moción apuntaremos bien si conseguimos que no se vuelva moción de fisura, sino que en verdad sea exitosa moción de censura.  

AUTOR

  • José Antonio Pérez Tapias

    Es miembro del Comité Federal del PSOE y profesor decano de Filosofía en la Universidad de Granada. Es autor de Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional. (Madrid, Trotta, 2013)

3 Comentarios

  1. es que la mocion de pablemos (y pitufo) es de risa, como minimo, los hechos prueban que su objeto no es rajoy como dice ser; la presenta a medias, luego un poquito mas en el momento mas inoportuno de su supuesto aliado, sin lider hasta un mes, y despues obligado a tomar sus tiempos de ordenacion y planes de futuro. vamos, que hasta podemitas se plantean muy seriamente a quien le tiraron su voto, a sumar a los que ya le han abandonado. este es el triunfo de pedro si sale. y sin necesidad de entrar en que ha cambiado ahora desde marzo de 2016 para que el mesias macho de los machos, la nena, el nenin y el beso redondo ahora tengan la prisa que no tuvieron cuando era el gran momento. rajoy se desgueva, y yo, pero por no llorar.

  2. Absolutamente de acuerdo con el anterior comentarista. La moción de censura, finalmente planteada, es de chiste. No solo porque de antemano se sabe por quien la plantea que nunca la ganará, ni porque, efectivamente, vaya encaminada en su planteamiento -y elección de fechas- a perturbar el proceso de primarias de los Socialistas del PSOE, sino porque supone la constatación de que Podemos es una cosa distinta a un partido mayoritario de izquierdas: es una productora de Performance continuos: la nueva política sin contenido, sólo forma, eso sí que quede bien en cámara.
    Saludos

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*


5 × uno =