1 de Mayo día del trabajo

La historia de la humanidad es la historia del enfrentamiento entre el bien y el mal, de la lucha a muerte entre el opresor y el oprimido, entre el amo y el esclavo, entre el rico y “sus” pobres, entre el honor y la miseria, entre el fuerte y el débil.

No ha habido un segundo en nuestra larga y a la vez corta historia, en que en algún rincón de la tierra no hubiera seres humanos enfrentándose entre sí por alguna causa que creen justa.

Por algún motivo, la naturaleza enfrenta a las especies tratando de buscar un ganador, un digno rey al que coronar. Si ese ganador ha de ser el hombre, no hay duda de que su reino será baldío, seco, improductivo, un páramo triste en el que el último hombre, reinará en soledad sobre sí mismo y odiando su propia imagen organizará revoluciones de su brazo izquierdo contra el derecho, de su vista contra su tacto, de su cuerpo contra su mente.

La naturaleza sabe que así será porque en el hombre está el origen de todo bien y todo mal, de todo mejor y todo peor, de toda bondad y toda crueldad. Y porque es cierto os sugiero, que empecéis vuestra batalla por el final, enfrentad vuestro cuerpo con vuestra mente ya, ahora, porque el origen de todo está en esa lucha interna que a todos atormenta y que todos niegan buscando un origen externo que nunca consigue satisfacerles.

Hoy, día del trabajo, los trabajadores tomarán las calles de las ciudades para gritar al aire sus deseos. Deseos que una vez más el aire devolverá a los trabajadores sin acuse de recibo, porque no es a él a quien corresponde atenderlos. Mañana, los humanos volverán a sufrir y a callar, a doblar sus espaldas y a soñar con la ilusión de una revolución que venga de afuera como un merecido gordo de la lotería, y llene sus vidas de prosperidad para ellos y para sus familias y pinte de ilusiones el futuro de sus hijos. Hijos que se sumarán a sus gritos el próximo 1 de mayo para así  completar el círculo y volver a empezar.

De odio y amor, de opresión y libertad, de honor y cobardía habla está película que aquí os dejamos: “El viento que agita la cebada” de Ken Loach

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