EL PULIDOR DE LENTES

SPINOZA, EL APÓSTOL DE LA RAZÓN

*******

Consideraciones sobre vida y pensamiento de Baruch Spinoza por  Guillermo Arcila-Arango

Comentadores superficiales de Spinoza, por ejemplo Voltaire, así como el enciclopedista Bayle en su diccionario filosófico, hablan con desprecio y con horror de su pensamiento. Por lecturas ligeras de su obra, se le ha tratado de destructor de la moralidad tradicional y de ateo.

 
Spinoza nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632, en el seno de una familia acomodada, de confesión judía, que había emigrado de la península Ibérica, a raíz de las persecuciones religiosas que produjeron tantas muertes y tanta destrucción de riquezas y de valores, como las que se experimentaron hace pocas décadas en acciones antisemitas, por los nazis. Los abuelos y los padres de Spinoza permanecieron en España y Portugal como cripto-judíos, que para preservar vida y bienes hacían pública confesión de fe católica, pero conservaban en el fondo de sus corazones y en el interior de sus hogares la confesión tradicional judía.
Escultura de Baruch Spinoza (detalle), en La Haya

A raíz de los cambios políticos en los Países Bajos, con el advenimiento de la República Holandesa y el establecimiento de un país que se perfiló claramente como una de las potencias comerciales de la época, se alcanzaron unas relativas libertades, lo que permitió que número importante de familias de origen sefardita, como la de los padres y abuelos de Spinoza, emigrara a Amsterdam.

Spinoza pertenecía a familia acomodada, lo que permitió que fuera educado hacia la vida religiosa, a la profesión de Rabino en la comunidad judía de Amsterdam. En esta comunidad el acceso a las distintas ramas del saber y de la tradición judía se hacía a través del hebreo y del español, así que prácticamente el español fue uno de los idiomas nativos de Spinoza. Cuando más tarde, a consecuencia del desarrollo del pensamiento filosófico que lo separaba de cualquier clase de confesión religiosa, Spinoza fue excomulgado de la sinagoga de Amsterdam, escribió su defensa “Apología en relación con mi expulsión de la sinagoga”, en idioma español. Hay varias referencias, también en la obra de Spinoza, a su permanente vínculo con la lengua española, por ejemplo en la “Ética” donde habla acerca de la muerte refiriéndose a Calderón de la Barca, quien padeció deficiencia arterioesclerótica a causa de la vejez. Esto para indicar una de las posiciones fundamentales en el desarrollo de la personalidad de Spinoza.

El desarrollo de su pensamiento lo llevó a apartarse de la confesión judía y de las demás religiones. Siendo un joven de tan grandes progresos en la comunidad judía, hubo temor de que su pensamiento pudiera desencadenar cualquier tipo de persecución contra los judíos en la misma Holanda. Parece que razones de tipo político determinaron la expulsión suya de la Sinagoga, como para lavarse las manos en la eventual responsabilidad con el pensamiento spinozista. A la muerte de su padre, y después de la expulsión de la Sinagoga, quedó importante fortuna que en virtud de tradiciones judías y gentiles se sometió a querella, puesto que la hemanastra Rebeca la reclamaba toda, aunque iba en contra de la legislación. Spinoza defendió sus derechos ante los tribunales holandeses exigiendo que se le diera la parte de fortuna que le correspondía de acuerdo con las leyes. Al ganar el pleito, Spinoza le regaló toda su fortuna a su hermanastra, salvo una cama. Es una anécdota que ilustra el amor al derecho y la justicia, también su desprendimiento y su apartamiento de los apetitos corrientes que inspiraban a la mayor parte de sus antiguos  correligionarios y al ambiente mercantil holandés.

Spinoza entonces quedó en pobreza absoluta y para ganarse la vida se consagró a la profesión de pulir cristales para lentes de aparatos de óptica. De esta manera adquirió profundo conocimiento del desarrollo de la física en el siglo XVII, en especial de las partes correspondientes a la luz, a la óptica, etc., conocimiento tan profundo que el filósofo Leibniz cuando escribió un tratado sobre óptica le envió los manuscritos a Spinoza para que conceptuara sobre las ideas que exponía en él.

Una vez desprendido de la comunidad judía, Spinoza no se unió a ninguna comunidad religiosa, para conservar la libertad de su pensamiento, pero adquirió amistades valiosas, por ejemplo la de Frans van den Enden, médico-biólogo que le enseñó el latín y quien murió refugiado en Francia, condenado a la horca a causa de sus ideas políticas. Otro grupo de amigos personales de Spinoza era cierto número de holandeses interesados en el desarrollo filosófico, pertenecientes a la secta de los “Colegiantes”. Estos amigos inspiraron mucha de la actividad intelectual de Spinoza, en el sentido de vencer los obstáculos a su pensamiento.

A raíz de las persecuciones religiosas del siglo XVII, Spinoza no publicó sino dos obras en vida, una, los “Principios de la filosofía de Descartes. Pensamientos metafísicos”  (1663), tratado que elaboró a solicitud de uno de sus discípulos, en el que expone de manera objetiva el pensamiento cartesiano, y hace reservas de algunos aspectos. La otra obra fue el “Tratado teológico-político” (1670), con las iniciales del autor BDS, pero identificada con rapidez por sus amigos y discípulos. Spinoza fue objeto de creciente hostilidad a causa de las ideas expuestas en este tratado teológico-político. Decidió entonces no publicar nada más durante su vida, y solamente ese grupo de amigos, de plena confianza, recibían sus manuscritos y los discutían en reuniones privadas, le llevan los comentarios y los interrogantes, quien les respondía a ellos. De esta manera se desarrolló una actividad, dijéramos, clandestina.

La gran obra de Spinoza, la Ética, fue publicada varios meses después de su muerte. El “Tratado político” que dejó incompleto a su muerte, fue publicado también en forma póstuma. El corto “Tratado sobre Dios, el hombre y su felicidad”, escrito en holandés, fue hallado en 1851. Otra obra que quedó incompleta fue el “Tratado de la reforma del entendimiento”, tuvo publicación póstuma.

De manera que debo insistir en que fue un ambiente muy especial en el cual se desarrolló la vida sentimental y de pensamiento de Spinoza. También a través de cartas dirigidas a amigos en Holanda y fuera, se nos muestra esta actividad. Hay una colección como de 70 cartas dirigidas a personalidades de la época, entre las cuales se destaca Heinrich Oldenburg, quien residía en Londres y fue durante mucho tiempo secretario de la Sociedad Real Inglesa, que era centro del pensamiento filosófico y especialmente de la filosofía natural, como se decía en la época, el incipiente pensamiento científico occidental.

La mayor parte de las obras de Spinoza, como en la mayoría de los filósofos de la época, fue escrita en latín y algunas de ellas traducidas posteriormente al holandés y a los distintos idiomas europeos. El latín era el idioma universal del mundo culto de la época.

La enfermedad que lo llevó a la muerte el 21 de febrero de 1677, fue la tuberculosis pulmonar, adquirida en la infancia y agravada por el polvillo producido en el pulimento del cristal. A su muerte hubo que vender los muebles para poder pagar el entierro.

¿Qué es lo que Spinoza legó al pensamiento europeo? En los textos de historia de la filosofía aparecen caracterizaciones de su pensamiento, que deben ser sometidas a interpretaciones y análisis. Una de ellas, por ejemplo, que el pensamiento de Spinoza es una continuación del pensamiento de Descartes, como discípulo de éste. Otra caracterización es el panteísmo, o por lo menos una expresión sui-generis del panteísmo. Otra es la de un rígido determinismo, por una consecuente negación de la libertad humana, de la responsabilidad humana, y de las concepciones populares del bien y del mal. Otra es su misticismo. Al final de la Ética él habla del amor intelectual a Dios, y entonces se le describe como místico. Hegel decía que Spinoza no había rebajado a Dios a la categoría de materia, sino que había elevado la materia a la categoría de divinidad, que había divinizado el universo, o deificado la naturaleza.

Numerosos poetas, franceses e ingleses, que leyeron a Spinoza, recibieron una fuerte impresión, en el sentido de la elevación de todo lo existente, del valor de todas las cosas y de una especie de fascinación poética, e inclusive religiosa, a partir de los fenómenos de la naturaleza humana y de la naturaleza en general.

La cuestión del panteísmo de Spinoza, el desarrollo de la teología spinozista, se puede entender como el desarrollo de líneas de pensamiento teológicas hasta un extremo tal en que el concepto tradicional de Dios queda completamente disipado. Una de las características de ese pensamiento filosófico es la afirmación de que la totalidad del ser es una, que no hay sino una sola sustancia, que es la naturaleza o Dios. Está la famosa frase de Spinoza: Deus sive Natura, Dios o la Naturaleza. De manera que Spinoza hablaba en ciertos momentos de Dios, y en otros de la naturaleza en su totalidad. Si Spinoza habla de la naturaleza en su totalidad, como el ser supremo, realmente en ese momento ha abandonado la concepción teológica tradicional, de un Dios espiritual, o de un Dios personal, de un Dios antropomórfico, que está separado de su creación. Spinoza nos lleva a identificar a Dios con la naturaleza, al abandono de la concepción tradicional de Dios y a emprender la comprensión de la naturaleza en general, en su totalidad. Esto para la época era un pensamiento profundamente peligroso. Sabemos, por ejemplo, que Descartes con la profundidad de su pensamiento, llegó un momento en que se abstuvo para mantener protegidas sus convicciones religiosas tradicionales. Lo mismo encontramos en Leibniz, en quien las concepciones religiosas tradicionales fueron interferidas y da viraje para preservar la tradición.

Spinoza no se detiene en nada de aquello. Consecuente con las premisas lleva el pensamiento hasta las últimas consecuencias, y podríamos decir que anticipa el pensamiento de los hombres de ciencia, como aparece en los siglos XIX y XX, cuando se abandona en la actividad científica el concepto de Dios. De manera que esto del panteísmo podría llamarse pan-naturalismo, puesto que la naturaleza y Dios son iguales. Y se puede hablar con la misma propiedad tanto de una, la naturaleza, como del otro, Dios.

En cuanto a la caracterización en el pensamiento de Spinoza del determinismo total, en la concepción de los fenómenos de la naturaleza, en realidad sabemos que las ciencias naturales, que empezaron a desarrollarse con notable intensidad en el siglo XVII, eran esencialmente deterministas, en la física, en la astronomía, en la química. La concepción de la causalidad de los fenómenos naturales es casi la premisa del pensamiento científico europeo. Lo que hizo Spinoza también fue llevar esto no solamente al aspecto de la física, o al atributo de la extensión, como dice él, sino también al atributo del pensamiento, y a los fenómenos de la vida anímica humana. Este determinismo, consecuente con la posición científica, lo lleva entonces a negar el concepto tradicional del libre arbitrio, del libre decreto  en nuestras decisiones, o de libertad personal, y por lo tanto a una concepción completamente diferente de la ética, y del bien y del mal.

Precisamente una de las afinidades entre el pensamiento psicoanalítico de Freud y el pensamiento spinozista, es que esa igualdad mantiene la afirmación de que todos los fenómenos sicológicos son determinados por otros fenómenos sicológicos, que todo lo que ocurre en la mente humana tiene una causa por razón de ser que lo hace comprensible. Este pensamiento de los actos fallidos que parecen productos de la casualidad, del azar, están profundamente determinados por actividades síquicas en niveles profundos, que la teoría sicoanalítica describe como pertenecientes al inconsciente síquico. Freud extendió en una forma concreta, a través de la observación y del análisis científico, la aplicación de principios determinísticos que desde el punto de vista filosófico Spinoza había llevado hasta las últimas consecuencias.

Los filósofos de la época, del siglo XVII, contemporáneos de Spinoza, comprendieron el estudio de la mente humana y del ser humano como un fenómeno también de la naturaleza, y por lo tanto al cual se le deberían aplicar las mismas causalidades de determinismo que se le aplicaban a la materia.

La concepción de Spinoza de la libertad es bastante diferente de la concepción tradicional. Spinoza, determinista y determinista en relación también con campos relacionados con el espíritu, mantiene un concepto de la libertad completamente diferente del tradicional. Para Spinoza ser libre es determinar por causas inmediatas que están dentro de la propia organización de cada uno. Forzar significa actuar por determinación o causas inmediatas que están fuera de la propia organización de uno. Es un poco un concepto más bien jurídico de la libertad el que sostiene Spinoza que un concepto tradicional. Para él todo acto es determinante. Pero un acto es libre cuando nace de causas inmediatas que están en la propia organización, y es obligado o forzado, compulsivo, cuando nace de situaciones extrañas a la propia organización del individuo. De acuerdo con este pensamiento de la libertad, Spinoza en su época, desde el punto de vista político, fue un defensor de la libertad de pensamiento, ya que el pensamiento humano, o la razón humana, o la capacidad que cada uno de nosotros tiene de comprender los fenómenos, es lo que nos es más propio, es el resultado supremo de nuestra propia actividad vital. Por tanto, la libertad de pensamiento fue para Spinoza una de las condiciones necesarias para la organización social.

Otro aspecto importante del pensamiento de Spinoza, relacionado con su determinismo, es la esclavitud y la libertad humana, y el aspecto del bien y del mal. A través del estudio de las pasiones humanas, de los sentimientos humanos, de la vida afectiva del ser humano, de los impulsos que mueven al ser humano, Spinoza llega a una concepción muy diferente de la ética, que a grandes rasgos podría ser una defensa de la alegría como el bien supremo, y un rechazo de la tristeza o del dolor como el mal. Esto no podría llevar a pensar en el sentido de una concepción hedonista de la ética en que el bien se confunde con el placer y el mal con el dolor. Sinembargo hay algo que es peculiar en la ética de Spinoza, en consonancia con el concepto de libertad y de autodeterminación. Él piensa que toda tristeza es mala, que la tristeza es el resultado de la disminución en nuestra potencia de obrar, de nuestra potencia de perseverar en nuestro ser, que el conocimiento de nuestra propia actividad positiva, la claridad y la distinción con que sintamos nuestro ser nos trae alegría; cualquier debilidad en nuestras acciones nos trae sentimiento de tristeza. Hay alegrías para Spinoza que son completamente pasivos, que son el resultado del interjuego entre nuestra propia naturaleza y factores puramente externos. Hay alegrías que nacen de nuestra propia actividad, que son producto directo de la plenitud de nuestro propio ser, a las cuales se refiere Spinoza como el bien supremo.

¿Cuál es la actividad para Spinoza que realmente expresa nuestra autodeterminación? Es la capacidad de entender, de comprender, de conocer, es una alegría que es la alegría pura y el bien supremo. De manera que en la “Ética” de Spinoza la suprema alegría, el supremo bien, está ligado al conocimiento verdadero de las cosas. De esta alegría surge el conocimiento de la naturaleza, de las leyes que la rigen, del conocimiento que como seres humanos no somos un dominio fuera de la naturaleza, sino que somos parte de ella, de este conocimiento nace una alegría suprema. El conocimiento de la naturaleza origina una alegría y un amor por todas las cosas del universo, es lo que lleva a Spinoza a su concepto, mencionado con anterioridad, en relación con su posible misticismo, del amor intelectual a Dios, a través del conocimiento, de la naturaleza, ya que Dios y Naturaleza son conceptos intercambiables. A través de esto nace una alegría superior acompañada de un amor hacia todas las cosas.

Entrar en mayores detalles sobre el sistema de pensamiento de Spinoza, su encadenamiento interno, no corresponde a esta intervención pública en la conmemoración del tercer centenario de su muerte; es más bien tema de un curso regular como el que vengo orientando en el programa de Filosofía de la Universidad de Caldas. Pero quería aprovechar la fecha para rendir homenaje a la memoria de Baruch Spinoza.

 
 
 

 

Nota:

 
Conferencia pronunciada, sin texto escrito, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, el lunes 21 febrero de 1977, justo en el día de los 300 años de la muerte de Baruch Spinoza. Transcripción de cinta conservada en el centro de documentación de la Revista Aleph (CER)

Se el primero en escribir un comentario

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*


dieciocho + 1 =