EL AZAR Y LA NECESIDAD, por Baruch de Spinoza

“Dígame por favor, si usted ha visto o leído a algunos filósofos que hayan sostenido la opinión de que el mundo fue hecho por azar… No sé que tal cosa haya venido jamás a la mente de nadie”.

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Cuán difícil es que dos personas, que siguen principios distintos, puedan estar de acuerdo en una materia que depende de muchas otras, aunque ningún razonamiento lo demostrara, bastaría la siguiente pregunta para aclararlo:

AZAR, NECESIDAD Y LIBERTAD

Dígame, por favor, si usted ha visto o leído a algunos filósofos que hayan sostenido la opinión de que el mundo fue hecho por azar… No sé que tal cosa haya venido jamás a la mente de nadie.

Se me oculta igualmente con qué razones se empeña usted en persuadirme de que crea que el azar y la necesidad no son contrarios. Tan pronto caigo en la cuenta de que los tres ángulos de un triángulo son iguales a dos rectos, niego en el acto que ello suceda por azar. Igualmente, tan pronto comprendo que el calor es efecto necesario del fuego, también niego que ocurra por azar.

Que lo necesario y lo libre sean dos contrarios no es menos absurdo y parece contradecir a la razón, pues nadie puede negar que Dios se conoce a sí mismo y todas las cosas libremente y, sin embargo, todos conceden unánimemente que Dios se conoce necesariamente.

De ahí que me da usted la impresión de que no establece diferencia alguna entre la coacción o violencia y la necesidad. Que el hombre quiere vivir, amar, etc., no es una acción violenta, pero sí necesaria; y mucho más, que Dios quiere existir, conocer y actuar.

Si, aparte de lo dicho, piensa usted que la indiferencia no es más que ignorancia o duda, y que la voluntad siempre constante y en todo determinada es una virtud y una propiedad necesaria del entendimiento, comprenderá que mis palabras están totalmente acordes con la verdad.

DIOS ES INIMAGINABLE, PERO INTELIGIBLE

A su pregunta, de si acaso tengo de Dios una idea tan clara como del triángulo, le respondo afirmativamente; pero, si me pregunta si tengo de Dios una imagen tan clara como del triángulo, le contestaré negativamente: pues no podemos imaginar a Dios, pero sí entenderlo.

Señalaré además, que yo no digo que conozco totalmente a Dios, sino que entiendo algunos atributos suyos, pero no todos ni la mayor parte, y es cierto que el ignorar la mayor parte no impide conocer algunos de ellos. Cuando estaba aprendiendo los elementos de Euclides, entendí primero que los tres ángulos del triángulo son iguales a dos rectos y percibí claramente esta propiedad del triángulo, aun cuando ignoraba otras muchas.

EL ESPIRITUALISMO DE SÓCRATES, PLATÓN Y ARISTÓTELES DA CRÉDITO A LOS CUENTOS DE VIEJAS

En cuanto a los espectros y duendes, aún no ha llegado a mis oídos ninguna propiedad inteligible suya, pero sí fantasías que nadie puede comprender. Y que la imaginación no halla dificultad en ello, como tampoco en otras cosas imposibles.

La autoridad de Platón, de Aristóteles y de Sócrates no vale mucho para mí. Me hubiera admirado que usted hubiera aducido a Epicuro, Demócrito, Lucrecio o a alguno de los atomistas y defensores de los átomos. Pues no es de extrañar que aquellos que han inventado las cualidades ocultas, las especies intencionales, las formas sustanciales y otras mil tonterías, hayan discurrido los espectros y duendes, y que hayan creído a las viejezuelas, con lo que aumentaron la autoridad de Demócrito, cuya buena fama envidiaron tanto que llegaron a quemar todos los libros que él había editado con tanto encomio.

Si usted pretende servirse de la creencia en ellos, ¿qué razones tiene usted para negar los milagros de la Virgen divina y de todos los santos, que han sido referidos por tantos filósofos, teólogos e historiadores celebérrimos, de los cuales puedo citar un ciento, mientras que de aquellos apenas uno?

Finalmente, distinguido señor, me he extendido más de lo que yo quería y no quiero causarle más molestias con estas cosas que (lo sé) usted no admitirá, puesto que sigue principios muy diferentes de los míos.

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SPINOZA, Carta 56, año 1674, a Hugo Boxel, personaje mal conocido que llegó a ocupar importantes cargos políticos en Holanda con Jan de Witt. Filosofía Digital 2006

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