Tu privacidad, uno de tus derechos, está en venta. (parte 2/2)

Las noticias se suceden y lo que contábamos en nuestro anterior artículo: Tu privacidad, uno de tus derechos, está en venta. (parte 1/2), parece hoy hasta inocente.

Esta semana nos despertábamos con el siguiente titular en la prensa: “EE UU aprueba una ley que permite a los proveedores de Internet vender datos de usuarios La normativa contempla que se comercialicen los historiales de búsqueda y localización de los consumidores

Y hace unos días, wikileaks filtraba a los medios una realidad que veníamos sospechando desde hace tiempo:

La CIA nos espía por medio de nuestros teléfonos, ¿y eso qué significa?

La CIA nos espía el WhatsApp y otras claves de las filtraciones de Wikileaks

Así espía la CIA a través de tu Smart TV o tu teléfono móvil

Seguimos sin darle importancia pero, en realidad, podríamos definir estos artículos como “la esquela de la intimidad” el anuncio de la defunción definitiva de la privacidad.

Pero peor que la pérdida de un derecho es la aceptación resignada de esa pérdida por parte de una sociedad preocupada únicamente por, en qué ocupar sus tiempos de ocio, y eso está ocurriendo ya, hasta el punto de que aquellos que no nos prodigamos en redes sociales y no aireamos nuestra vida en los tablones de anuncios de la plaza pública, empezamos a resultar para algunos “sospechosos”.

“Si no lo cuentas es porque lo quieres esconder” es un pensamiento que poco a poco empieza a calar en la mente de nuestros conciudadanos y al que tendremos que ir acostumbrándonos, salvo que juntos tomemos consciencia de la verdadera gravedad de esta situación.

No sólo nuestra intimidad está en venta, no sólo estamos aceptando sin oposición alguna, que se nos vea únicamente como consumidores, sino que también se nos aboca a renunciar, sin que se note, a nuestra libertad y a nuestros derechos.

¿Puede un ser humano libre, elegir libremente ser esclavo?

Las grandes corporaciones, no sólo nos espían, no sólo siguen nuestros movimientos, no sólo guardan en máquinas cada vez más potentes toda nuestra vida, sino que además hemos convertido el espiar al vecino en una divertido juego.

Así, por ejemplo, los drones con cámara de alta resolución se han convertido en un juguete que se regala al niño en su cumpleaños. Su uso indebido, en manos de desaprensivos nos lleva a situaciones como la que se denuncia en este vídeo que paradójicamente hace público el propio intruso.

Y ello sin tener presentes las consecuencias del uso de tales “juguetes” por el niño, en el futuro adulto, para quien la intimidad habrá dejado de ser una preocupación; y la desaparición del Derecho, una anécdota irrelevante. Esa es la educación en materia de Derechos Humanos: Son un rollazo y un residuo del pasado que hay que superar en aras de una sociedad uniforme, de consumidores, no de ciudadanos; lo importante será la formación de consumidores, nada de ciudadanos con Derechos

Se diría que se trata de normalizar la falta de respeto a la intimidad ajena, quizá con el fin de que se acepte con mayor docilidad el momento en que esa invasión proceda de algún estamento oficial.

Pongamos como ejemplo una de las aplicaciones que se ha hecho más popular en menos tiempo: WhatsApp.

¿Cómo puede ser que “la CIA nos espíe el WhatsApp” si nos han dicho que WhatsApp desde hace un tiempo envía nuestros mensajes encriptados?

Sencillamente es posible porque Whatsapp forma parte de lo que denominamos “software privativo”, es decir, programas a cuyo código fuente (la lista de instrucciones que hacen que el programa funcione) no tenemos acceso y que además sus fabricantes protegen con copyright.

¿Qué importancia tiene eso? La importancia se circunscribe al acto de fe que, en la mayoría de los casos inconscientemente, cada usuario realiza al instalar una de estas aplicaciones, es decir, nadie puede saber qué es lo que Whatsapp hace en realidad salvo sus programadores.

Efectivamente, el software privativo dice que hace y lo instalamos por lo que dice que hace, pero, realmente, nadie sabe si hace algo más de lo que nos dice que hace. Ni siquiera podemos saber cómo hace lo que hace para poder juzgar si es seguro o no. Sin embargo es posible monitorizar las aplicaciones desde fuera para intuir que algo anómalo está ocurriendo y en algunos casos podemos, mediante lo que se conoce como “ingeniería inversa” obtener una copia aproximada y normalmente muy difícil de interpretar del código fuente, copia que sería por supuesto ilegal.

Publicamos noticias que ni la NSA ni la CIA ni Whatsapp han negado. Pero la verdad de todo lo que las aplicaciones que guardamos en nuestros dispositivos móviles hacen la desconocemos.

Sabiendo que nos espían y que su intención es que lo entendamos como algo normal, será el lector el que decida. No hacemos aquí más que constatar hechos. Cierto es que la información permite tomar decisiones con libertad y únicamente esa es nuestra intención.

Lo más grave quizá no sea ya que nos espíen. Quizá lo más grave sea ahora que ya no nos importe.

Si es así, atentos a lo que se avecina:

Elon Musk funda Neuralink, una compañía que planea extender la Inteligencia Artificial del ordenador al cerebro humano

¿Te dejarías implantar un circuito en tu cerebro que aumentara tu inteligencia?

Probablemente muchos habréis contestado que no pero… ¿y si resulta que para encontrar un trabajo digno, tuvieras que competir con aquellos que sí lo tienen implantado?

Es obvio que vivimos momentos de cambio, en realidad toda la historia de la humanidad refleja un cambio permanente, al menos en lo externo. En eso, este tiempo no es diferente a cualquier otro. La única diferencia real está sólo en lo que ahora podemos hacer que antes no podíamos, en ese progreso tecnológico que algunos creemos que debería estar orientado a liberarnos a todos y que, desgraciadamente, todo parece indicar que se utilizará para someternos definitivamente.

El control es poder. La información es poder. Todo el control que cedes a otro y toda la información sobre ti que das a otro, es una cesión, probablemente irreversible, de tu libertad y de tus derechos.

Se hace necesario empezar a repensar nuestra sociedad, empezar a construir un sistema que busque equilibrios, en el que los privilegios no se busquen por innecesarios y en el que el derecho a una vida digna, se entienda como algo propio de cualquiera que, como nos ocurre a todos, haya nacido sin haberlo pedido jamás.

Sólo así podremos considerar a la tecnología como una herramienta liberadora y no como un enemigo que busca destruir nuestros derechos y relegarnos a la consideración de simples consumidores y defectuosas máquinas de producción.

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Terminamos con esta interesante conferencia sobre “La Libertad de Expresión” por Eduardo Galeano

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