CORPORACIONES – PSICÓPATAS INMORTALES

NO ES HUMANO, por JDF

A menudo escucho decir que hay que luchar contra el sistema corrupto que nos domina, pero la dificultad estriba en que no sabemos quién es nuestro enemigo. Estas opiniones tienen, según mi desorientado criterio, un poquito de razón. Pero tan poquito … tan poquito, que no llega.

Homero da cuenta, en la Ilíada, del Regalo de Neptuno a la civilización: El arte de la Doma ecuestre. O lo que es igual, el arte de dominar la enorme fuerza del caballo por medio de una ligera brida.

Burocracia, procesos, trabajos inútiles, deseos sin sustancia, barreras al flujo. Fortalece la intensidad del mensaje que desde siempre has intuido, al margen de todo raciocinio: Busca las Bridas que te dominan. Luego, RÓMPELAS. Lo harás sin apenas esfuerzo.

*Esta información es confidencial: Los Caballos no pueden llegar a conocerla.

Yo sí sé quiénes son mis enemigos. No son humanos. No, no lo son. Aunque son nuestra creación: Las Corporaciones, esas Personas ficticias, a quienes les dimos el carácter de Persona, con el apelativo de “Jurídica”, hasta que nos han convertido a todos -nos hemos convertido- en Personas, no Humanas, sino esencialmente, Jurídicas.

Pero yo no soy una Persona Jurídica. No soy un Estatuto. Yo no soy un pedazo de papel. Yo siento y soy mortal. Ellas no. Ni poseen empatía -ignoran siquiera que pueda ser-, ni son mortales.

Como en los cuentos de Asimov, nuestra creación (no de acero, sino de papel), toma las riendas del mundo. Sus robots, sin embargo, tenían tres Leyes. Nuestras Corporaciones solo tienen una: La maximización del Beneficio.

Se han independizado de sus propios accionistas; les dan sus intereses, y pueden vender o intercambiar su participación en una inversión con su “responsabilidad limitada” a un poco -o un mucho- de dinero. Las Corporaciones no se gobiernan por ellos.

Nos Gobiernan a nosotros, por la pura lógica del sistema capitalista, porque, ante una misma situación -en “los mercados”- ellas siempre tienen ventaja: La responsabilidad de sus accionistas -humanos o no- está limitada, y ellas carecen de todo escrúpulo moral (salvo su natural querencia por la codicia y la avaricia, que también puede dar base a una construcción moral; de hecho, lo ha hecho -véase, por ejemplo, la obra de Ayn Rand).

Y aunque sus gobernadores -consejeros, administradores- son Humanos, su voluntad pertenece ya a las mismas Corporaciones, Personas Jurídicas, por derecho: Les pertenece por Compra. Su miedo ha cegado su acción, vendemos nuestra voluntad por una ilusión de seguridad.

Es UNA realidad, que puede tener diferentes grados; entre los más mezquinos, el nivel político, pero también el Poder Mediático. En realidad, la penetración de este Poder Corporativo que parece elevarse sobre todos los demás Poderes (no solo los que pudo conocer Montesquieu en su época) es un hecho en cualquier esfera de nuestras vidas. Son Papeles en los que los individuos más disfuncionales socialmente pueden, precisamente por su déficit de empatía, alcanzar la cúspide del nuevo poder -Temporal: El Poder Corporativo; materia pura, carente de espiritualidad alguna. No hay nada trascendente; todo es, para ellas, un mero constructo de papel, contingente. La vida humana es solo una mercancía. La Humanidad, un objeto que modelar en busca del lucro.

Maximización del Beneficio como única Ley. Se la dimos nosotros (otra cosa es que se lo podamos quitar). Como los de Asimov. Pero de papel, y mucho más fuertes. Imperiales. Con cortesanos y todo. Y sobre todo, vasallos. Muchos vasallos.

Solo la vuelta a la humanidad y a sus valores comunes, puede enderezar la situación y reintegrarnos a la actividad propia de nuestra verdadera naturaleza: la búsqueda de la felicidad. Hemos de actuar con empatía que, como decía Walt Whitman, es adhesiva. Pegadiza. Porque, cuando tratas con Personas (Humanas), en general, la naturaleza hace que recibas lo mismo que das. Si das amor y solidaridad, es lo que recibirás. Así que, “camarada, no temas el camino; no es peligroso, mis pies han estado allí, mis botas han pisado allí, y no hay nada que temer”.

Hemos de buscar el interés común mediante nuestras decisiones y actos, incluso frente a nuestros intereses particulares. Cómo no vamos a estar INDIGNADOS. Recordad ¡¡NO SOMOS LA GOTA; SOMOS EL MAR !!

Lo que el hombre le ha hecho al hombre no tiene límites. Lo ha torturado, quemado, matado y explotado de todas las maneras posibles en los ámbitos religioso, político y económico. Ésta ha sido la historia del conflicto entre los hombres: el listo explota al tonto, al ignorante“ (J. Krishnamurti).

Todo es saber. Todo es conocer. Por ello la necesidad de debatir y comunicar -mejor, intercomunicar- las distintas sensibilidades sociales, sin discriminación por su discrepancia o concordancia con las dogmáticas tesis Oficiales. Los ciudadanos tenemos la necesidad de debatir, frente a la política de partidos. Y debatir desde otro punto de vista distinto del “oficial”.

Hemos de recuperar nuestro Derecho a la Libertad de Expresión, que no se diferencia esencialmente de la Libertad de Información -constituyen diversos grados de un mismo Derecho, no siendo posible disfrutar del uno sin disponer del otro. Y ese Derecho Fundamental a la Libertad de Expresión no se puede reducir a disponer de un “Speaker’s Corner” en un parque “escondido” desde donde gritar sin ser oído. La Constitución, en su Art. 20, 3º, establece el Derecho Fundamental de Acceso a los Medios de Comunicación de Titularidad Pública, pero, …, que os voy a contar.

Por eso, los ciudadanos, al menos quienes somos conscientes del hecho de haber sido desposeídos de ese Derecho y reconocemos su importancia esencial para permanecer en nuestra condición de Ciudadanos, Libres y Responsables, y no descender a la condición de Súbditos, de siervos sometidos a una voluntad ajena, ante la evidencia de que sin un esfuerzo común y sostenido, ningún derecho puede ser adquirido ni conservado, dedicamos, de manera altruista, nuestros esfuerzos, a la Defensa de nuestra condición de Ciudadanos Libres. Su pérdida afectará a todos. Y solo entre todos la podremos volver a adquirir y conservar para su disfrute común en una Sociedad Justa y Solidaria.

Nos resistimos a someternos a la condición de Súbdito de un Imperio Corporativo que tiende, por su propia naturaleza, a ejercer un Poder Absoluto y Global; Poder Corporativo Inhumano, constituido por un mero Estatuto, unos pedazos de papel, Personas de Ficción, aberrantes “Personas de papel”, cuyo reconocimiento como titulares de Derechos Humanos, al mismo nivel que las Personas “de carne y hueso”, nos degrada a la condición de instrumento, mero medio para la obtención de esos fines Corporativos, propios de las Personas “de papel”, siempre tendentes a un único y esencial objetivo: Maximizar el Beneficio.

Incluso las Personas Humanas propietarias, en cada momento, de tales Corporaciones, aparecen como meros instrumentos al servicio de unos trozos de papel, amparados en su ceguera materialista (enfermedad muy extendida, de la que nadie debería creerse a salvo), por estar actuando, no en su propio nombre, sino por y para las Corporaciones. Sometidos y amparados por un Poder Corporativo carente de toda emoción, desprovisto de empatía, ajeno a toda otra moral diferente a la Maximización del Beneficio.

La Corporación, Objeto inmortal, a diferencia de sus Servidores Humanos, nace tardíamente como Instrumento para el logro de Intereses de La Corona, abanderada de Piratas, llamados Corsarios, fundadores del Derecho Mercantil, el mismo que en esencia hoy recogen nuestras Leyes de Comercio. Corporaciones con limitación de responsabilidad, beneficiada frente a sus competidores o adversarios Humanos en base a concretas circunstancias, rigurosos límites y sometimiento pleno a la autoridad del Monarca. Corporación, consentida su existencia tras las revoluciones burguesas solo en cuanto instrumento dirigido a la satisfacción de los Intereses Generales.

Corporación, objeto creado que, en este inicio del Siglo XXI, se está imponiendo a su consciencia creadora, La Humanidad. Y dada su naturaleza inmortal y opresora, verdadera y fríamente Psicopática, carente de todo remordimiento o emoción, el Sistema de AnarcoMercado Corporativo Global que se está imponiendo, realmente puede llegar a constituirse en ese Reich de los 1.000 años con que soñaron tantos Dictadores. Ellos no lo lograron: eran Humanos. Las Corporaciones no lo son. Esa es, precisamente, su fortaleza. Nosotros somos su debilidad; sin nosotros no existirían.

Solo tenemos que ser conscientes de esa realidad: basta el verlo para vencerlo. Y para eso, necesitamos recuperar nuestro Derecho a la Libertad de Expresión. Debemos conseguir informar acerca de ese “otro punto de vista” a nuestros familiares, amigos y conocidos, a nuestros conciudadanos, compañeros en esta travesía de la vida. Despertarlos de su condición de Zombies sentados frente al Televisor.

La Justicia es tan importante, que no debe dejarse solo a abogados y jueces: Principalmente, es asunto de Ciudadanos. Sin Seguridad jurídica, envilecido y paralizado nuestro Estado de Derecho Constitucional, convertido el aparato en el fin, y nosotros, sus propietarios, en siervos del tal fin, no existe posibilidad alguna de seguridad de ningún tipo. Una tal sociedad sólo se puede sostener con la violencia y el miedo. Nuestro Miedo y Su Violencia.

En tales condiciones, ni la policía nos proporciona seguridad alguna; antes al contrario, es mero instrumento de la arbitrariedad, de la opresión, de la sumisión, mediante el Estado Ficción, a un Poder Global, al que no hemos elegido, al que ni siquiera conocemos. Desde nuestras Instituciones, y a nuestra costa, el Poder Corporativo se cierne sobre nosotros. Su sombra se adivina trágica y oscura. Para muchos ya lo es.

Evitarlo es fácil, aunque sólo existe una posibilidad; solo una, pero sencilla. Depende de nosotros. Y a cada intento fallido sucederán otros, y otros, hasta que perdamos el Miedo, sustituyendo la competencia egoísta por la colaboración solidaria en nuestras relaciones, en nuestras vidas. En nuestro interior. Hay que comenzar examinándose a uno mismo, intentando percibir desde puntos de vista ajenos las situaciones, sin intervención de nuestras emociones. Todos ejercemos poder sobre otros. Se consciente de ello. Conócete a ti mismo y conocerás el universo.

Es difícil, ciertamente, tomar la decisión debida y llevarla a efecto aceptando todas sus consecuencias, cualesquiera que sean, desterrando el Miedo, y con él, la opresión. Pero es ahora, cuando se desploma la máscara de nuestra falsa seguridad, ahora que se ha destruido la esperanza, que hemos de decidirnos, obligados a elegir, de una u otra manera, por el Miedo o la Libertad. El camino del Miedo conduce al caos, a la destrucción y a la muerte, para después renacer una nueva creación, es el principio de la vida, la Diosa en la Esfera.

Será si no nos dejamos dominar por el miedo, brindándonos unos a otros Solidaridad y Apoyo, que continuaremos Libres. Y, en Libertad, continuaremos desarrollándonos hacia una mayor complejidad, quizás en una escala temporal insospechadamente decreciente, evolucionando cada vez en intervalos más cortos. Nuestros falsos ídolos se desmoronarán, y seremos Libres también en nuestras mentes, y en ese instante, un cambio se producirá en nosotros, acercándonos al conocimiento, avanzando hacia un destino, desconocido, si, pero al que, por su propia esencia, toda vida inevitablemente tiende.

Podemos avanzar en Libertad por el camino de la vida, o podemos estancarnos, sentados ante el televisor mientras nos atiborramos de basura tóxica, sin más esperanza que la seguridad de morir en la simplicidad adaptativa del parásito. El camino de la vida todavía está a nuestro alcance, pero cada vez se aleja más.

Hasta ahora, las Revoluciones se basaron en la elección del Lugar, creando “artesanalmente” un momento propicio. El resultado: Unos pocos arriba, los demás abajo. Siempre el mismo final.

No es posible conocer a la vez la posición y el momento, el lugar y la velocidad, de una fuerza. Hemos de elegir el Momento de ejercer la nuestra. El momento solo puede ser el de la pérdida de la esperanza, este Momento, antes de que la miseria y el hambre difuminen más aún nuestra conciencia y la humanidad, de nuevo, y tal vez sin retorno, perdida la noción de Libertad, olvide su pertenencia común a un todo: la Comunidad Humana.

En cuanto a la determinación del “elemento Corporativo”, éste es evidente; poseen un Estatuto. Personas ficticias, personas “de papel”. Podríamos debatir acerca de la inclusión entre ellas de Partidos Políticos o Sindicatos, en cuanto Entidades “independientes” de las Personas Físicas (Humanas) que las integran, pero creo que sería complicar lo que es claro en sí mismo. Otra cosa es que se compartan mis afirmaciones o no. Pero entiendo que lo que quiero decir está claro.

En cuanto a la actuación de dichas Entidades Corporativas (cuyo destino no es sino ser progresivamente integradas -fusiones, absorciones- las unas en las otras) por medio de Seres Humanos, se produce, principalmente, por dos vías, diferentes solo en apariencia: La primera es la Limitación de Responsabilidad que obtienen las Personas Humanas que se valen de ellas para obtener ventajas en “Los Mercados”, este es el principal problema. Que afecta a las Corporaciones, no a sus Fundadores o administradores humanos.

Porque esa “Limitación de Responsabilidad” es también ficticia; la Responsabilidad no se limita; se deriva a otros. Y si la observamos sólo en su vertiente económica, la limitación de responsabilidad carece de todo sustento racional: son humanos que han decidido participar económicamente en “negocios”, de cuyos resultados, de que son responsables, solo admiten participar en los beneficios; dejan las pérdidas para los humanos. Es el núcleo del Capitalismo; del Neoliberalismo sin conciencia: El Capital no responde; los Humanos propietarios pueden así evitar responder del resultado de sus actos, obligándonos a nosotros –a la sociedad- a responder por ellos; o lo que es igual, nos quitan la Libertad obligándonos a asumir las consecuencias de SUS acciones.

Y en segundo término, la realidad del hecho de que Las Corporaciones, meros objetos materiales, “personificados” artificiosamente en el tráfico jurídico, carecen por propia esencia de cualquier tipo de Empatía, Sentimiento o Emoción, mientras que cualquier Humano posee estas cualidades, en menor o mayor grado. Siguiendo al “Príncipe” Kropotkin, o al mismo Jean Marie Guyau, diré que cualquier Persona (Humana) que presencie como un adulto golpea brutalmente a un bebé, se ve impulsada a socorrer al pequeño (lo haga o no). Está en todos, aunque a menudo no es “visible”, por efecto de los distintos Condicionamientos adquiridos a lo largo de nuestra vida (como lo que nos han llevado a la pasividad en la contemplación de las miserias de los Pueblos más o menos lejanos, asolados por hambrunas, enfermedades o guerras ante nuestros ojos, en nuestra propia casa, sobrecargados de esas terribles imágenes, repetidas hasta obligarnos a ignorarlas, o a intentarlo; antes de que acabemos convirtiéndolas en Entretenimiento; en consumo).

Y no incidiré en la bondad innata del Ser Humano, aunque creo que difícilmente alguien que vea a un adulto pegar a un bebé podrá dejar de defender -de una u otra manera- al pequeño. Está en todos, solo es cuestión de grado. Y el grado depende del entorno. Al final, depende del grado de condicionamiento adquirido por cada uno (de la misma manera que en general nos hemos inmunizado ante la vista del sufrimiento ajeno; nos estamos deshumanizando; perdiendo el rasgo que nos es más propio: la empatía, la capacidad de situarnos en la piel del otro).

En realidad, basta la comprensión de que, frente a un trozo de papel, cualquier Ser Humano -por vil o mezquino que pueda ser- posee mayor grado de Empatía. Nosotros tenemos sentimientos. Las Corporaciones, no.

No es ajeno a lo anterior la experiencia científica con que la Psicología ha validado la teoría de la sumisión “natural” del Ser Humano a la autoridad que percibe en otros Humanos (asimilable a la actuación de las Corporaciones, Entidades Personificadas artificiosamente, que paradójicamente han dado lugar a Personificaciones y ficciones – personas ficticias se las ha denominado técnicamente – distintas de sus propietarios o administradores); valga el ejemplo sobrecogedor del “Experimento de Milgram” llevado a cabo tras los Juicios de Nuremberg.

Jean Marie Guyeau, filosofo francés del siglo XIX (1854-1888), de obra prolífica e impregnada por el vitalismo, defendía como via para lograr la felicidad el hecho de compartir con los demás. “Esbozo de una moral sin obligación ni sanción” es considerada su obra principal, a cuya lectura os invitamos.

Jean Marie Guyeau – “Esbozo de una moral sin obligación ni sanción”